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Desatinos

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07.03.2026

Una guerra sin alma. Unas reacciones viscerales. Unas consecuencias atroces. Un despropósito endiablado. No hay tregua otra vez para la insensatez ni la impostura. El mundo transita atribulado ante un futuro cada vez más incierto por inseguro. La arrogancia se ha revestido de un aguerrido belicismo para dinamitar el derecho internacional y la paz bajo justificaciones espurias, a modo de sangrientos trampantojos. Un explosivo contexto al que nadie se siente ajeno. Pero también una diáfana oportunidad para la diatriba ideológica. Pedro Sánchez la ha pillado al vuelo.

Como ocurrió en el genocidio de Gaza, el presidente socialista ha marcado territorio con el indiscriminado bombardeo a Irán. Ágil en el posicionamiento crítico, abanderado de la paz y el diálogo frente a las bombas, Sánchez siempre ha sabido que al hacerlo azuzaba el avispero. Nunca deja de mirar por sus intereses. Por eso jamás consulta al Congreso el posicionamiento del país que gobierna. Un expresivo desprecio parlamentario que, de paso, orilla por enésima vez a sus socios de referencia ante una cuestión de semejante trascendencia. Su arrogancia y narcisismo le impiden compartir la........

© Deia