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Geopolítica transformadora

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Como tantos asuntos esenciales para la prosperidad, bienestar, seguridad y generación de riqueza y empleo, de imprescindible coparticipación de todos los actores implicados en sus resultados, la llamada Geopolítica (y la Geoeconomía), configuran una “nueva cartografía mundial”, altamente determinada por el capital institucional y capital social y gobernanza. El liderazgo (existente o ausente, dado o impuesto) es clave en todo proceso, incentivación, adhesión, de personas, entidades, comunidades y naciones.

En este sentido, recientes cambios presidenciales a lo largo de la semana, tanto en Colombia, como en Perú, suponen mucho más que una normalizada sucesión de gobierno, en contextos complejos, con cambios, en principio radicales, que el voto democrático ha configurado. Asistimos a nuevas orientaciones mucho más que ideológicas “moviendo el tablero geopolítico latino americano”, recomponiendo el instalado espacio de bloques. Se producen, a la vez, movimientos de signo muy distante: la imposición de un régimen autocrático en Nicaragua (¿para qué convocar elecciones si las perdería?, afirman quienes hace años lideraron una “revolución popular” y se han instalado en un gobierno autocrático), la supeditada “transición” impuesta desde el exterior a Venezuela, prescindiendo tanto de procesos electorales democráticos, como del conocimiento e información de quienes han de dar por buena la decisión unilateral de quienes parecen gobernar con quien sea, como sea, sin pestañear ante sus bailes, con unos o con otros, según la música que sus intereses y supervivencia personal aconsejen en cada momento.

Por no mencionar la expectante Cuba, cuyo futuro, de una u otra forma, dará lugar a un escenario cambiante y dará luz, voluntaria o no, a nuevas relaciones internacionales, la más que probable influencia “especial” de fuerzas externas en un más que profundo cambio de trascendente impacto en la zona.

Así, Colombia estrena un nuevo presidente de gobierno, ganador de las pasadas elecciones presidenciales del pasado junio, concitando una ola de esperanza, no ajena a la profunda incertidumbre que hipoteca el optimismo, con amplios deseos de superar un periodo triste, populista, desilusionante, dirigido desde un desmedido poder autocrático, sin rumbo, alejado del mínimo respeto democrático exigible, ajeno a las instituciones, ausente de........

© Deia