La sanjuanada de hoy

Una vez al año el sol alcanza la posición más alta en el cielo y empieza el solsticio de verano. El sol parece detenerse. Solstitium, dos palabras: sol y statu, estático. En ese amanecer mágico el tiempo se para. En Stonehenge –el monumento más esotérico del mundo– el sol juega con las rocas y, a las cinco de la mañana, se queda quieto. Los siglos se comen unos a otros y el tiempo se diluye, deshaciendo los días.

Desde la antigüedad, el fuego, representado por el sol, quema todo para que llegue una renovación. Antes, en una fogata muy grande, quemábamos los apuntes del colegio que no volveríamos a usar y recuerdos para olvidar en papeles chiquitos que volaban alrededor del fuego como mariposas nocturnas. Las llamas eran muy altas, tan altas que nos iluminaban y parecía que era de día. Éramos felices en torno al fuego. La cercanía del verano giraba voluptuosa en torno al 21 de junio.

La memoria es pasar por el corazón aquel tiempo y sonreír. Igual que guardamos en carpetas del ordenador música, documentos, libros y hasta........

© Deia