Los autoritarios no tienen izquierda ni derecha

Hay una escena de The Wall, la película de Alan Parker con música de Pink Floyd, que resulta cada vez menos metafórica. El protagonista se convierte en una especie de patético führer imaginario. Una multitud vestida de negro marcha acompasada, mientras enormes martillos avanzan, al mismo ritmo, en un dibujo animado realista y aterrador. Masas, uniformidad, obediencia y eliminación de quien es diferente. Representa algo más elemental: la fascinación por el poder sin límites. Y quizá ahí esté uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. No es solamente la ultraderecha. Es el autoritarismo.

Las elecciones de Sajonia-Anhalt han vuelto a poner la cuestión sobre la mesa. AfD ha obtenido el 43,8 % de los votos y 39 de los 83 escaños del Parlamento regional, quedándose a solo tres de la mayoría absoluta. El BSW, la formación de Sahra Wagenknecht procedente de una escisión de Die Linke, las izquierdas, también ha entrado en el Parlamento y puede resultar decisivo. AfD y BSW están lejos de ser lo mismo, pero coinciden en su posición crítica con la inmigración y en el rechazo al apoyo alemán a Ucrania.

Antes de las elecciones, el BSW ya había rechazado el cordón sanitario frente a AfD y planteado mayorías con participación de esta formación. Tras los comicios, sigue sin cerrar la puerta a facilitar su acceso al poder. ¿Qué ocurre cuando fuerzas ideológicamente enfrentadas descubren que comparten ciertas ideas y cierta relación con el poder? Pues que acaso importe menos la etiqueta que cada partido se adjudica que lo que está dispuesto a hacer con el poder cuando lo obtiene.

Tampoco existe una única «ultraderecha europea. AfD no es exactamente el Rassemblement National de Marine Le Pen. Ambos movimientos compartieron grupo en el Parlamento Europeo y acabaron rompiendo. Las declaraciones de Maximilian Krah sobre las SS y las polémicas sobre........

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