Groenlandia y el derecho de autodeterminación
El crecimiento del neofascismo, paradójicamente en los países más estables económicamente, evoca el enfrentamiento de Unamuno con Millán-Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca en la que repudió el grito de viva la muerte (paradoja donde las haya) afirmando que “tenéis suficiente fuerza bruta para ganar pero no convenceréis”. En estos tiempos, el neofascismo sí tiene capacidad de convencer a muchos ciudadanos, cuando consigan su advenimiento al poder y observen sus políticas será tarde para arrepentirse.
Este fenómeno está provocando una cierta atrofia democrática que se concreta en que los partidos políticos practican mensajes reduccionistas, tenemos que parar el fascismo, no solo eso sino que esta invocación está debilitando su capacidad para actuar eficazmente en las políticas ordinarias, las de vivienda, las de sanidad, las de pensiones, las de fomento de la economía, etc. El neofascismo o la extrema derecha, distinción puramente semántica, está consiguiendo un efecto no se si deseado, nublar la capacidad de ajustar las políticas que afectan de forma mediata a los ciudadanos en plazos medio y largo.
En Groenlandia se ha firmado esta semana un acuerdo con EE.UU. para reforzar la seguridad en el Ártico, acuerdo que posee dos versiones:
-Versión Trump: “EE.UU. obtiene control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades de Groenlandia”, acuerdo “de vida infinita, no tiene fin”. Washington podrá vetar bases rusas/chinas y cualquier inversión sensible sin su aprobación escrita.
-Versión Dinamarca y Nuuk: “El acuerdo reconoce la soberanía y la integridad territorial del Reino de Dinamarca y el derecho del pueblo groenlandés a la autodeterminación”.
Trump con su estilo ampuloso insinúa que el acuerdo consiste de........
