Siempre con las democracias liberales

En democracia, sobre todo cuando pensamos en el largo plazo, es fundamental no confundir gobierno con Estado, ni con el propio sistema democrático. La alternancia política forma parte de su esencia, por eso no debemos caer en la tentación de tomar decisiones estructurales en función de quién gobierne en un momento concreto, ya sea en Estados Unidos o con cualquier otro aliado. Precisamente, porque compartimos valores con otras democracias, la relación entre ellas debe sostenerse sobre principios estables, no sobre coyunturas pasajeras.

Los regímenes autoritarios, en cambio, operan con una lógica distinta: su línea política es mucho más rígida y previsible, y a menudo juegan con las divisiones internas de las democracias, esperando a ver quién gobierna para intentar influir o sacar ventaja. Frente a eso, las democracias liberales no pueden permitirse el lujo del cortoplacismo.

En los últimos tiempos, el auge de los populismos –tanto de derechas como de izquierdas– introduce un fuerte componente de oportunismo que empuja a decisiones impulsivas, como la reciente propuesta formulada por Sumar en el Parlamento Vasco de salir de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), olvidando los intereses comunes que deben defenderse a largo plazo. En la misma línea, esta semana el propio Trump ha amenazado con abandonar la Alianza, precisamente porque no responde a sus intereses cortoplacistas. Al final, los extremos se tocan.

Ejemplos recientes muestran los riesgos de esta deriva oportunista. Las tensiones generadas en torno a la política internacional de Trump evidencian hasta qué punto se puede tensionar la relación entre aliados, llegando incluso a planteamientos que tratan a democracias liberales como si fueran adversarios estratégicos. Sin embargo, también ha........

© Deia (Tribuna Abierta)