Ave Trump, los que vencerán te saludan
Hace algunos años, un video comercial de la conocida tarjeta de crédito Mastercard, utilizaba un recurso ingenioso: una muchacha, un niño y un anciano expresaban el deseo de hacer realidad algún sueño loco, a lo que el narrador respondía: con Mastercard es posible. Pero la última secuencia sellaba el mensaje de forma imprevista (lo que paradójicamente producía el efecto de consolidar las excesivas afirmaciones previas): un niño corría a abrazar a su padre y la voz en off sentenciaba, “no, Mastercard no puede comprar el amor de su hijo”.
En un sistema donde el valor de un ser humano suele medirse por el dinero que ostenta (su poder de compra) y no por sus virtudes y sus aportes a la Humanidad, siempre hay quien cree que puede comprarlo todo. Donald Trump, un millonario caprichoso y soberbio al frente de una potencia mundial en declive, solo conoce el recurso de la fuerza: la del dinero y la de las armas. ¿Abusaba de otros niños en la escuela, o abusaban de él? Pregunta tentadora para los sicoanalistas. Trump compra y amenaza, dice “hágase mi voluntad”, sentado en el trono de los mercaderes que fueron expulsados del templo por Jesús. Todo parece posible: incitar Golpes de Estado (la novedad: en su propio país); practicar la pedofilia; asesinar a lancheros que presuntamente trasladan drogas en el Mar Caribe (son ya más de cien) para intimidar a un gobierno soberano que se niega a ceder sus recursos naturales; robar barcos petroleros, empresas extranjeras o activos ajenos; imponer sanciones y bloqueos a países y a sus dirigentes rebeldes; sobornar o chantajear a gobernantes débiles; (pretender) anexarse territorios ricos en recursos naturales como Groenlandia o la franja del Orinoco; ser cómplice del genocidio del pueblo palestino y pese a todo, creer que........
