Un país al límite: la Cuba que la propaganda no puede esconder

LA HABANA.-Conocemos desde hace tiempo la carencia de seriedad que han demostrado las autoridades de la dictadura castrocomunista en su manejo de los asuntos públicos. Pese a ello, forzoso es reconocer que el inicio de este abril nos ha brindado, en ese sentido, nuevos malos ejemplos. Para quienes creían que no era posible que el régimen se desempeñara aún peor, este cuarto mes del año, que apenas acaba de iniciarse, nos ha aportado nuevas cotas de inoperancia.

Son varias las cuestiones que merecen ser mencionadas en ese contexto. Pero me parece adecuado comenzar por la que se supone que deba reflejar mejor las esencias mismas del sistema de socialismo burocrático entronizado en Cuba desde hace decenios: me refiero a la llamada “planificación socialista”.

Es el caso que, a lo largo de toda nuestra existencia, quienes hemos tenido la desdicha de residir en esta isla hemos tenido que escuchar a los cotorrones de la mentirosa propaganda marxista-leninista explayarse sobre la supuesta “anarquía de la producción bajo el capitalismo”; también con respecto a los indudables beneficios que, en la nueva sociedad, ofrece la “planificación”. Esta última —se supone— permitiría el desarrollo armonioso de las fuerzas productivas, basado en la previsión y el ordenamiento.

Pero he aquí que los medios de agitación castrocomunistas acaban de anunciar, a bombo y platillo, la emisión de la versión actualizada del “Programa Económico y Social del Gobierno 2026”. Así lo anunció en las redes el primer ministro Manuel Marrero Cruz, quien se ufanó de que el mamotreto fue emitido “a partir del análisis con más de 2 millones de personas de diversos sectores de la sociedad” (a esto comento: pero todos “revolucionarios” —es decir, no abiertamente opositores—, cabe suponer).

Sin entrar en los detalles del farragoso (y voluminoso) escrito, cabe hacerle de entrada una observación que demuestra cuán desmejorada está la hipotética capacidad de planificación de los comunistas caribeños: se emite un papelón que —se supone— ordene el conjunto de las actividades económicas durante todo el 2026… ¡pero que aparece publicado cuando ya ha decursado el primer trimestre del año! ¿Hace falta algún dato adicional para que un observador objetivo reconozca el grado del desastre en el que están sumidas Cuba, en general, y su economía en particular?

En segundo lugar, quisiera referirme a una noticia ofrecida con gran destaque por Radio Reloj. La emisora (que se ufana, y con razón, de ser el canal informativo más antiguo del mundo) ponía a sus cotorrones a anunciar, muy orondos, el respaldo internacional brindado a nuestro país… ¡en un tema de derechos humanos!

¡Lo que va de ayer a hoy! El mismo régimen castrocomunista que hace algunos años ponía a sus vejetes fanatizados y obtusos a repetir en “actos de repudio” la pasmosa consigna “¡Abajo los derechos humanos!” (o su versión aún más cavernícola y contraproducente: “¡Mueran los derechos humanos!”) pretende erigirse ahora en una especie de faro mundial en la materia.

El pretexto para ese acto de pasmosa ostentación fue la aprobación, por parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de un proyecto de resolución presentado por Cuba… ¡en defensa del derecho a la alimentación! Si con toda razón se critica a quienes predican moral en calzoncillos (o peor aún, en cueros), ahora tenemos que señalar al gobierno antillano que defiende el aludido “derecho”, mientras su propio pueblo permanece subalimentado (o, para ser más sincero, francamente hambreado).

Para finalizar, quisiera referirme a una tercera información también publicada este primero de abril. En la misma portada del sitio oficialista Cubadebate figura un texto de la autoría de Aniela Dumas Rojas. Su titular proclama muy orondo: “Alternativas para mantener vivos los servicios bancarios en La Habana”.

El texto no deja de aludir a algunas de las muchas deficiencias del sistema bancario capitalino, aunque, eso sí, haciendo un uso generoso de los eufemismos. Así, leemos allí: “un proceso de ajuste forzado por el deterioro de los equipos”; “la necesidad de controlar la salida de efectivo en medio de una demanda que no deja de crecer”; con la crisis del transporte, “para los trabajadores del banco, llegar a las sucursales se convirtió en un desafío cotidiano”; para paliar los efectos de los cortes eléctricos, “en cada municipio se garantiza al menos una sucursal con panel solar”…

Se menciona también la reubicación de “los cajeros automáticos en el interior de las sucursales”, lo cual, además de evitar el acaparamiento de billetes, “busca proteger los equipos del vandalismo, que en varios municipios capitalinos ha sido significativo”. El clásico cierre con broche de oro del reportaje es el pie de la foto de una cola: “A pesar de los esfuerzos, las quejas […] no han dejado de llegar. Por ello, el Banco Metropolitano de La Habana ha optado por multiplicar los canales de escucha”…

Decididamente, los senderos que conducen hacia el empeoramiento de la situación parecen multiplicarse cada vez más en la desdichada Cuba. Los tres temas abordados en una misma fecha por la propaganda oficialista, que hemos tomado como asunto de este trabajo periodístico, así lo demuestran. El consuelo que nos cabe es que ese empeoramiento, aunque ya resulta exagerado y abusivo, no será infinito.


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