GAESA o los poderes paralelos del castrismo

LA HABANA, Cuba ― Establecer algún tipo de instancia de poder paralela a las definidas por la Constitución o las leyes de un país es una muestra evidente de desprecio por la institucionalidad, y también de que el voluntarismo de un líder o un partido político constituye el poder real ―y a veces el único― de una determinada sociedad. 

Ese fenómeno lo hemos presenciado en Cuba desde los primeros años de la revolución castrista. Indudablemente, Fidel Castro, con un hambre insaciable de poder, fue incapaz siempre de someterse a las reglas que imponían el trabajo organizado de ministerios y otras vías institucionales. 

Así, desde los primeros gabinetes formados por el flamante gobierno revolucionario, Castro no podía sentirse satisfecho con ministros como Roberto Agramonte o Felipe Pazos, y por supuesto tampoco con el presidente Manuel Urrutia Lleó, todos de probada filiación anticomunista. El máximo líder consideraba a esos funcionarios como........

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