Comer a ciegas no es comer

LA HABANA.- Recuerdo con mucha frecuencia a una vecina que ya no está, que se fue para siempre, pero a la que aún evoco cantando a voz en cuello, entonando melodías que funcionaban como correlato de la realidad cubana. Mi vecina cantaba lo mismo a la vida que a la muerte, a la felicidad y también a las tristezas más desgarradoras.

Siempre encontraba un motivo para ponerse a cantar. Aparecía una letra, una melodía que le servía como referente de lo que vivíamos. Con sus canciones exponía las evidencias de nuestro triste existir, incluso de nuestras muertes. Ella lograba que viéramos lo que muchos no podíamos —o no queríamos— ver.

Cantaba a lo más tierno, pero también........

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