La papa: un manjar para dioses en Cuba
LA HABANA.- Hace pocos días pasé por el agromercado cercano a mi casa y vi que había papas, una vianda que había desaparecido de estos sitios desde hacía tiempo. La alegría que sentí al verlas duró poco: al mirar su costo en la tablilla de ofertas, casi me da un infarto del susto: 370 pesos la libra. Imagínese: 370 pesos equivale a un salario y medio diario de un trabajador.
En la calle tampoco puedo pagarlas. Los carretilleros las venden todavía más caras que en los agromercados.
Sin embargo, no siempre fue así. En Cuba, las papas se cultivan desde hace más de 200 años. Antes de 1959 podían adquirirse en cualquier puesto de viandas, en bodegas y mercados agrícolas. Además, había disponibilidad durante todo el año: cuando no había producción nacional, se importaban. El precio oscilaba entre cinco y 10 centavos la libra.
Incluso en la década de 1970, cuando se traían desde la Unión Soviética en cajones de madera, aunque su sabor no satisfacía plenamente el gusto de los cubanos, al menos garantizaban su presencia constante.
Tras la caída del campo socialista, dejaron de importarse. La producción nacional se concentró en la llanura sur habanera —actuales provincias de Mayabeque y Artemisa—, pero resultó insuficiente para abastecer al país.
Durante años, cuando llegaban a los mercados, se distribuían de forma normada: 11 libras por persona a precio subsidiado, a través de ese engendro socialista llamado libreta de abastecimiento, satirizada por el humorista Luis Silva con su personaje Pánfilo en el programa televisivo Vivir del Cuento.
La papa ha sido siempre una de las viandas de mayor consumo en Cuba. Puede comerse sola o acompañando otros alimentos, y permite una gran variedad de platos: carne con papas, papas fritas, puré, entre muchos otros. Incluso, en tiempos de escasez, ha servido para suplir ingredientes en preparaciones como la mayonesa.
Hoy también existen numerosas golosinas de papa elaboradas en el exterior —como las populares papitas fritas—, pero resultan inaccesibles para la mayoría de los cubanos debido a sus altos precios.
Originaria del sur de Perú y del altiplano boliviano, la papa era cultivada por incas, quechuas y aimaras desde entre los años 8000 y 5000 antes de Cristo. A partir del siglo XVI, tras su llegada a Europa con los colonizadores españoles, se extendió por todo el mundo.
Gracias a su valor nutricional, hoy es un alimento básico en numerosos países. China es actualmente el mayor productor mundial, mientras que algunas de las papas de mayor calidad se cosechan en el nordeste de Estados Unidos.
La papa también ha dejado huella en la cultura. Richard Egües compuso “El Bodeguero”, interpretado por la Orquesta Aragón y artistas como Nat King Cole, donde se menciona esta vianda. Asimismo, la cantante estadounidense Dee Dee Sharp popularizó en 1962 temas como “Mashed Potato Time” y “Gravy”, este último versionado en español por Angélica María como “Puré de papa”, muy escuchado en Cuba.
Incluso en el habla cotidiana permanece presente: muchas personas dicen a los niños “vamos a comer la papa”, aunque el plato no la contenga. También fue protagonista de un curioso juguete: una papa a la que se le insertaban piezas plásticas —ojos, nariz, boca— para formar un muñeco conocido como Mamerto.
Pero más allá de su historia, su valor nutricional o su presencia cultural, la realidad actual es otra. La papa, que durante décadas fue un alimento común, barato y accesible para todos, se ha convertido hoy en Cuba en un lujo. Tenerla en la mesa es, para muchos, un privilegio.
