La Cuba que fue: cuando tuvimos uno de los mejores calzados del continente |
LA HABANA.- En tiempos pasados se decía que un hombre compraba apenas dos pares de zapatos de vestir en toda su vida y que, tras su fallecimiento, estos pasaban a manos de alguno de sus descendientes, quienes aún podían usarlos durante años.
Aquella idea tenía mucho de cierto en la Cuba prerrevolucionaria, donde se fabricaba uno de los calzados masculinos de piel más duraderos y prestigiosos del continente.
En La Habana y el interior del país existían más de 185 fábricas de zapatos. Su producción se comercializaba a través de las peleterías, que ofrecían un amplio surtido de modelos de excelente calidad, en todas las tallas, colores negro, carmelita, blanco y combinaciones bicolores. Eran zapatos que satisfacían las exigencias y gustos de los clientes y que, además, se vendían a precios asequibles para todas las clases sociales.
De aquel pujante entramado industrial sobresalieron tres grandes marcas: Amadeo, Ingelmo y Bulnes. Estas fábricas produjeron los zapatos de mayor excelencia y durabilidad del mercado nacional y llegaron incluso a competir con calzado importado, como el de la reconocida marca estadounidense Florsheim.
¿Era Cuba un país atrasado antes de 1959?
El español Amadeo Villa fundó en 1903 una pequeña fábrica de zapatos con salón de ventas, llamada Casa Amadeo, en Belascoaín número 107 (hoy 553), con taller en la parte posterior, por la calle Chávez. Con el paso del tiempo, Amadeo se convirtió en una marca de prestigio, con demanda tanto nacional como internacional.
En la década de 1920, la empresa se trasladó a la calle Patria número 16 (actual 154), en El Cerro, donde se creó la Compañía de Calzado La América, la segunda del ramo en Cuba. Más tarde fue vendida a Pedro González Fernández, quien mantuvo el nombre y se dedicó también a suministrar materiales y artículos a otros miembros del gremio.
Durante los años treinta, la fábrica volvió a mudarse, esta vez a la calle Mariano número 460, entre La Rosa y Lombillo, igualmente en El Cerro, a un moderno edificio de dos plantas que aún se conserva.
En sus inicios, Amadeo Villa confeccionaba zapatos exclusivos hechos a la medida del cliente, una práctica que hoy solo realizan artesanos de élite y a precios muy elevados. Su última línea de producción se llamó “Amadeo de Saboya” e incluía calzado de piel de serpiente, avestruz y cerdo.
Ingelmo fue la mayor fábrica de zapatos de Cuba. Su edificio, de tres plantas y casi una manzana de extensión, hoy muy deteriorado, se encuentra en la calle Nueva, entre Pedroso y Amenidad, cerca del Stadium Latinoamericano, en El Cerro.
Todo comenzó como un pequeño taller fundado en 1918 por el español Cristóbal Ingelmo García, natural de Salamanca, quien aprendió el oficio de su abuelo. Fabricaba zapatos masculinos al estilo europeo, reconocidos por su alta calidad. La peletería donde se comercializaba este calzado —considerada la mejor del país— estuvo ubicada en la década de 1940 en Consulado esquina a San Rafael.
También existió la marca Bulnes, de menor tamaño que Amadeo e Ingelmo, pero no por ello menos prestigiosa. Fue creada por el español Benigno Herrera Bulnes y se especializaba en zapatos de gran resistencia y durabilidad. Su fábrica estuvo en la calle Patria, esquina a Calzada del Cerro. Entre sus productos destacaban las botas militares y los mocasines.
Para dimensionar la importancia de la industria del calzado en Cuba, baste recordar que en 1954 el país produjo 15 millones de pares de zapatos. No solo se abastecía el mercado interno, sino que se exportaba a otros países con una calidad plenamente competitiva.
Hoy, los zapatos de piel son una rareza en Cuba. La calidad de los que se fabrican actualmente dista mucho de la de antes de 1959. Quedan pocos zapateros verdaderamente diestros en el oficio y sus terminaciones suelen ser deficientes.
La mayoría de los cubanos utiliza tenis de materiales sintéticos, casi siempre fabricados en China, de baja calidad y escasa durabilidad. Sus precios oscilan entre 8 000 y 15 000 pesos y se venden, en su mayoría, a través de comerciantes particulares y mipymes. Si se trata de marcas reconocidas, pueden superar fácilmente los 100 dólares.
Con frecuencia, los hombres caminan por las calles en chancletas de goma, algo impensable en tiempos pasados, cuando habría sido considerado vulgar y ridículo.
De aquel cubano que fue considerado el latinoamericano mejor vestido y más elegante, aun en la modestia, hoy no queda ni la sombra.