Trump vs Rubio: el nuevo culebrón del régimen cubano |
LA HABANA.- La prensa oficialista cubana, que ya no conserva el menor rastro de credibilidad y decencia, ha acusado al Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, de engañar a Trump y manipularlo para que arrecie la presión sobre el régimen cubano. El propagandista Rey Gómez ha utilizado como base una información publicada por el sitio Drop Site News, fundado en 2024 y reconocido por su filiación de izquierda. Algunas plataformas especializadas estiman que gran parte de su contenido es editorial o procede de fuentes no verificables, lo cual podría ser un indicador de la desesperación del régimen cubano, que no repara en utilizar información parcializada y no comprobada para intentar socavar la confianza que el presidente republicano ha depositado en Marco Rubio, con quien ha trabajado exitosamente conduciendo los asuntos de política exterior.
El castrismo ha entrado en pánico ante un binomio que no solo ha perfilado bien sus objetivos, sino que se están aplicando a fondo para conseguirlos. La operación relámpago que terminó con Nicolás Maduro y Cilia Flores presos en Nueva York, demostró a la dictadura de La Habana que Trump no está jugando. Si alguna duda subsistía, fue borrada con el bloqueo energético (bloqueo de verdad) impuesto a la isla hace dos semanas, cuyos efectos ya han comenzado a sentirse en la economía. No hay transporte público. Los taxis han triplicado su tarifa diurna; en las noches, mejor ni atreverse. Los aeropuertos carecen de combustible para aviación. Varias aerolíneas han cancelado sus viajes hasta que la situación mejore, y mientras eso ocurre, los turistas se van a vacacionar a otra parte. Las agencias de paquetería han reducido drásticamente sus servicios y Supermarket 23, el sitio de ventas online que ha lucrado a sus anchas con el hambre de los cubanos, suspendió sus operaciones hasta nuevo aviso. Todo cierra, enmudece, se derrumba.
No es difícil suponer lo que ocurre tras bambalinas. El hormiguero ha sido sacudido con violencia, pero de cara a la opinión internacional mantiene su actitud de víctima. Para la audiencia de casa persisten las amenazas de cárcel en caso de rebelión y el recién inventado culebrón de Trump y Marco Rubio, no tanto porque los cubanos lo vayan a creer, que siempre hay quien lo hace, sino para arañar el ego desmedido del presidente. A falta de maniobras diplomáticas y políticas eficaces, el castrismo intenta pasar el problema Cuba como un capricho personal de Marco Rubio, deslizado en la agenda de un líder obsesionado con dejar un legado memorable, cosa que ya ha logrado, mal que les pese a sus incontables enemigos.
Donald Trump es el tema número uno en todos los rincones importantes de este mundo. La paz en Gaza, si bien frágil, es la paz de Trump. El renacer de la industria petrolera de Venezuela, y de la esperanza en el corazón de millones de venezolanos, lleva el nombre de Trump. Las tentativas de diálogo para poner fin al conflicto entre Rusia y Ucrania se mueven bajo la mirada atenta de Trump. Gracias a -o por culpa de- Trump, Europa dejó de mirarse el ombligo y asumió los gastos en defensa que le corresponden como parte de una alianza histórica y necesaria para la supervivencia de Occidente. Trump nunca quiso invadir Groenlandia, pero dejó que el mundo entero hiciera ruido mientras su gabinete se dedicaba a negociar hasta recibir lo que consideraba imprescindible para garantizar la seguridad de su país. El primer año de su segundo mandato se ha sentido como un terremoto sin fin, una sacudida tras otra, pero los resultados están sobre la mesa.
La cúpula castrista estaría interesada en una negociación sin Marco Rubio en la mesa no porque crea que puede darle gato por liebre a Trump, sino porque considera que el presidente carece del “vínculo emocional” que mueve al cubanoamericano. La opinión de que Trump se conformaría con una apertura económica real y condiciones preferenciales para las inversiones estadounidenses, ha adquirido cierta resonancia. Pero sucede que Marco Rubio no llegó a Secretario de Estado poniéndose emocional sobre el tema Cuba, sino teniendo muy claro el rol de Estados Unidos en el mundo que viene. Rubio entiende perfectamente la responsabilidad del castrismo en el caos migratorio regional, el fracaso del deshielo impulsado por Obama -una oportunidad que el régimen desaprovechó para implementar reformas estructurales-, y el interés de La Habana en dejar correr el tiempo con la esperanza de que el Congreso logre frenar a Trump.
En alguna medida Cuba pudiera ser un asunto personal para Marco Rubio, pero es, ante todo, una pieza clave en el mapa geopolítico que la administración Trump está reconfigurando y no precisamente a partir de concesiones en materia económica. Ambos saben bien que el desastre de Venezuela tiene el apellido Castro por todas partes, que la semilla de futuras desestabilizaciones en la región permanece en La Habana y que no ha habido mejor momento para extirparla que este.