De un chino combatiente a la guayabera de Benito |
La conversación con Benito Estrada comenzó mucho antes de que alguien hiciera la primera pregunta. Comenzó en China. O, más exactamente, en la historia de un hombre que llegó desde China a Cuba como esclavo y cuyo apellido dejó de ser el suyo en el camino.
Benito cuenta que en el municipio donde nació existía una comunidad china muy grande, pero que los Estrada eran una excepción: no tenían apellido chino porque su ancestro había llegado como esclavo y, como ocurrió con tantos otros, un colono le había impuesto el apellido.
Después vendría otra historia familiar, la de sus raíces españolas y canarias. Pero entre todas las ramas de ese árbol genealógico hay una que parece especialmente hecha para Benito: aquella del ancestro chino que combatió junto a Antonio Maceo durante la invasión a Occidente.
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Lo cuenta y enseguida aparece una imagen: “un chinito culí con un taparrabo de saco con un Winchester más grande que él”.
Quizá sea una de las mejores maneras de entrar en la vida de Benito Estrada: por una imagen. Porque este hombre de 81 años parece haber pasado la existencia reuniendo imágenes que se resisten al olvido.
La del niño que nació en una finca llamada La Criolla, en las montañas de Los Rejondones de Báguano, en Holguín. La de una familia de diez hermanos donde el padre, descendiente de aquel chino, solo encontraba trabajo durante los tres meses de la zafra azucarera. La de los niños que debieron abandonar la casa para buscar comida.
La del muchacho que, con apenas ocho años, comenzó a trabajar en fincas de colonos y terratenientes, en lecherías, limpiando zapatos. La de los zapatos prometidos que nunca llegaban, la ropa confeccionada con sacos de harina, el sombrero, el machetico y el azadón.
“Estábamos pasando hambre”, dice. Y se detiene un momento para precisar que no habla de esa palabra que hoy circula con ligereza por las redes sociales. Habla de otra cosa. Del hambre verdadera, la que obligaba a los niños a salir de sus casas para sobrevivir.
A los trece años, cuando sus dos hermanos mayores se alzaron, él los siguió hasta el campamento rebelde de la Columna 16, en el Segundo Frente Frank País. Pero era demasiado joven y no llevaba arma. Tres días después, su padre tuvo que ir a buscarlo.
El niño que había conocido la pobreza de cerca quería también aprender a leer. Su madre, recuerda, tenía segundo grado y era muy religiosa. Leía la Biblia y enseñaba a sus hijos a agradecer por los alimentos, aunque muchas veces casi no hubiera nada que agradecer. Benito pasó por tres escuelas primarias rurales, multigrado, pero el hambre lo........