Polos opuestos |
La frase salió disparada, sin filtros que ocultaran su pueril desencanto: “Ah, porque tu libro no tiene figuritas… ¿Quién escribe de relajo y no usa fotos calientes?”. Mientras su esposa balbuceaba un regaño (roja de vergüenza ajena), él continuaba removiendo páginas con cara de usurero estafado.
Con gusto reí de sus pucheros: ya me esperaba tal reacción ante la sobriedad del regalo. A mi amigo le encanta hablar de erotismo, pero le da pereza la lectura, ¿para qué querría una selección de artículos de Sexo sentido? Estaba claro que lo suyo era avivar su picaresca imaginación y sumar una novedad con que escandalizar visitas en su diminuto hogar reglano.
Era 2014 y no contábamos con el acceso actual a internet, así que de verdad le ilusionaba escudriñar láminas con dobles y triples intenciones. No importaba si eran científicas o artísticas: él siempre iría más lejos. De ahí su fastidio cuando me aparecí con un “bloque” de texto, inútil para sus maliciosos planes de sacar chispas al pudor de su señora.
Consulte además: Más allá del papel
En desagravio, acepté su plan de asumir una sección sobre........