Desvelo de alumbrón
¡Llegooó!!! (ya saben qué). Salto de mi cama a revisar: ¿En qué por ciento está el keko? ¿Cuántos bombillitos le quedan al ventilador? ¿La pilita del cel llegó a rojo? ¿El refri está bien conectado? Mejor pongo a ablandar frijoles para que el gordo los sazone con el gas… ¿Queda arroz cocinado? Si hago el café, ¿aguantará calentito hasta el amanecer?
Quince minutos más tarde, el corazón vuelve al ritmo normal. Pudiera acostarme, pero la adrenalina espantó mis ganas de dormir. Una idea pícara pasa por mi cabeza. Me asomo al cuarto con malas intenciones… Ay, está tan rendido que me contengo: lleva días sin dormir con tanta placidez.
Por inercia, reviso el resto la casa para que no se derroche ninguna luz y pego la oreja a la ventana de mi madre. Maya anda dando tumbos por el cuarto y la dueña también: nada de qué preocuparse en esa área.
Antes de bajar, miro el cielo estrellado. Me reprocho no haber subido antes: el espectáculo es mejor sin interferencia artificial. Desde la terraza norte es notable el movimiento en el vecindario. Sin pizca de sueño, me pongo en modo reflexivo. ¡Cuánto añoro las visitas a Nueva Paz! Esa familia que llegó a ser........
