Out 27: Matanzas, campeón enamorado |
Foto: Roberto Morejón.
Las moralejas de un triunfo y de una Serie
Matanzas fue desde el inicio una selección que apuntaba a este resultado. Sus jóvenes lanzadores rindieron una etapa clasificatoria de lujo; sus hombres más experimentados se echaron la ofensiva arriba cuando les tocaba (Yurisbel Gracial, Ariel Martínez, Eduardo Blanco, Andrys Pérez y José Amaury Noroña); y la dirección logró lo más deseado en un deporte colectivo: team work, sentirse importante dentro de cada sonrisa y culpables de cada revés.
Detalles del estadístico Rodolfo Álvarez marcan esta blanqueada final como la quinta que ocurre en el juego decisivo de una final. Y Matanzas pasa a la historia como el único equipo que la ha propinado y a su vez recibido, pues en la 61 Serie Granma se coronó frente a ellos con lechada de 4-0.
Justo es hablar en esta ocasión de un jugador como Eduardo Blanco, seleccionado el más valioso de la postemporada y que mereció ser convocado, al menos, al tope que tendrá lugar en los próximos días en Nicaragua. Y justicia también debe hacerse con el mentor Armando Ferrer, que salió del hospital a dirigir una nómina que supo corresponderle con esta entrega y su segundo cetro personal.
Para los Leñadores de Las Tunas habrá siempre palabras gallardas de reconocimiento. Desde el 2018 han figurado entre los medallistas con tres coronas, dos platas y par de bronces. Es real que le faltaron peloteros claves, pero ni así se amilanaron. A los hermanos Alarcón esa provincia les debe un monumento por la defensa de su uniforme por más de 20 años. Ahora no pudieron llegar a tres coronas consecutivas, solo reservada para Industriales, Santiago de Cuba y Villa Clara, pero dieron espectáculo y lucharon hasta el final.
Concluye así la Serie Nacional más maratónica que recordemos a partir de la recuperación de casi un mes de partidos suspendidos. Hubo renaceres de formaciones para el bien de nuestro deporte nacional: Cienfuegos y Holguín. Se siguen consolidando con potenciales resultados los conjuntos de Artemisa (su mejor resultado histórico, cuarto lugar) y Mayabeque. Se ve juventud prometedora en otras para pensar en mejores ubicaciones en el futuro: Villa Clara, Ciego de Ávila y Sancti Spíritus.
Las decepciones más duras estuvieron en Guantánamo, Camagüey, Santiago de Cuba, Granma e Isla de la Juventud. No basta con cambios de dirección. Hace falta un cambio de mentalidad entre directivos, federativos y jugadores. Figuras aisladas no son suficientes para imponerse en un deporte como el béisbol.
Dejamos atrás la Serie de más partidos confiscados, de cambios de mentores en medio de la campaña (Sancti Spíritus y Santiago de Cuba), de un arbitraje que tuvo menos puntos grises que en la pasada campaña y de poca afición en los estadios por la lógica situación económica y social que vive Cuba.
La 64 Serie Nacional es ya historia. Saquemos las enseñanzas que nos dejaron (no son pocas) y pensemos que la próxima Liga Elite con los seis primeros: Matanzas, Las Tunas, Industriales, Artemisa, Holguín y Mayabeque puede ser un ensayo de temas como patrocinio y mejor estimulación a los peloteros. Es tiempo de revolucionar también el béisbol.