La mirada de Fidel Castro al sistema político cubano
Fidel Castro ejerce su derecho al voto en las elecciones de delegados del Poder Popular, en el municipio Plaza, 11 de octubre de 1981. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
El sistema político cubano, concebido e impulsado por el líder histórico de la Revolución, el comandante en jefe Fidel Castro Ruz, constituye una de las creaciones más originales del proceso revolucionario. Lejos de los modelos de “democracia representativa” predominantes en Occidente, que Fidel conoció muy bien durante los años de la República Neocolonial Burguesa, delineó un sistema basado en la participación directa del pueblo, la rendición de cuentas constante y la unidad como condición indispensable para la supervivencia de la nación.
Democracia participativa: el pueblo en el centro
Para el líder cubano, la esencia de la democracia no residía en la mera existencia de elecciones periódicas, sino en la participación activa y continua del pueblo en las decisiones principales del país. En su intercambio con intelectuales brasileños en 1990, expresó con claridad esta concepción:
“El pueblo de Cuba tiene una participación en los problemas del país y en las actividades y decisiones del gobierno, que no la tiene ningún país en el mundo. Nosotros vamos de congreso en congreso de obreros, discutiendo toda la política con ellos; de congreso en congreso de mujeres; de congreso en congreso de Comités de Defensa de la Revolución; y prácticamente no hay política en nuestro país que no se discuta con cada una de esas organizaciones”.
“El pueblo de Cuba tiene una participación en los problemas del país y en las actividades y decisiones del gobierno, que no la tiene ningún país en el mundo. Nosotros vamos de congreso en congreso de obreros, discutiendo toda la política con ellos; de congreso en congreso de mujeres; de congreso en congreso de Comités de Defensa de la Revolución; y prácticamente no hay política en nuestro país que no se discuta con cada una de esas organizaciones”.
En este enfoque, la participación debía ser ejercicio cotidiano, no un proceso limitado al periodo electoral. La política, en la concepción fidelista, era un diálogo permanente entre el gobierno y las organizaciones de masas y sociales que vertebran la sociedad cubana.
Fidel definió la democracia en términos concretos y materiales, estableciendo una diferencia radical con la democracia formal del capitalismo:
“Democracia es aquella en que la mayoría cuenta; democracia es aquella en que los intereses de la mayoría se defienden; democracia es aquella que garantiza al hombre, no ya el derecho a pensar libremente, sino el derecho a saber pensar, el derecho a saber escribir lo que se piensa, el derecho a saber leer lo que se piensa o piensen otros; el derecho al pan, el derecho al trabajo, el derecho a la cultura, y el derecho a contar dentro de la sociedad”.
“Democracia es aquella en que la mayoría cuenta; democracia es aquella en que los intereses de la mayoría se defienden; democracia es aquella que garantiza al hombre, no ya el derecho a pensar libremente, sino el derecho a saber pensar, el derecho a saber escribir lo que se piensa, el derecho a saber leer lo que se piensa o piensen otros; el derecho al pan, el derecho al trabajo, el derecho a la cultura, y el derecho a contar dentro de la sociedad”.
Esta concepción, profundamente arraigada en la historia de la nación cubana, reconoce que la democracia no puede ser un ejercicio formal cada cierto número de años, sino una participación real y constante del pueblo en las decisiones fundamentales. Como resumió en un discurso de 1992:
“La democracia para mí significa que los gobiernos, primero estén íntimamente vinculados con el pueblo, emerjan del pueblo, tengan el apoyo del pueblo, y se consagren enteramente a trabajar y a luchar por el pueblo y por los intereses del pueblo”.
“La democracia para mí significa que los gobiernos, primero estén íntimamente vinculados con el pueblo, emerjan del pueblo, tengan el apoyo del pueblo, y se consagren enteramente a trabajar y a luchar por el pueblo y por los intereses del pueblo”.
La esencia del problema democrático para Fidel era “tratar de resolver, en la práctica, ese problema teórico, esa aspiración ideal, que ha acompañado a la civilización desde épocas remotas: alcanzar el autogobierno, la dirección real, de abajo a arriba, de la sociedad por el pueblo”.
El mecanismo de postulación popular
Uno de los aspectos que defendió con mayor énfasis fue el mecanismo de postulación y elección de los delegados de circunscripción. En su discurso de clausura del X Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional, el 27 de diciembre de 1991, explicó el origen de este sistema:
“Recuerdo como si fuera hoy el día —y hace mucho más de 15 años— en que se estaba discutiendo este asunto. Nos pusimos a pensar cómo íbamos a elegir a nuestros representantes, ¿por el sistema aquel del candidato único que conocíamos en algunos lugares? Yo sentía verdaderamente rechazo por una fórmula de ese tipo. Digo: ¿Por qué no buscamos otra cosa, no inventamos otra cosa?”.
“Recuerdo como si fuera hoy el día —y hace mucho más de 15 años— en que se estaba discutiendo este asunto. Nos pusimos a pensar cómo íbamos a elegir a nuestros representantes, ¿por el sistema aquel........
