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La guerra amenaza con extenderse a Europa

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19.05.2026

Hace ocho meses dijimos que Europa no podía seguir ignorando las advertencias rusas. Ahora, esas advertencias se están haciendo mucho más agudas. Señalan claramente que la guerra de la OTAN contra Rusia por Ucrania podría extenderse este año e implicar directamente a los europeos, especialmente a los alemanes. Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos. ¿Se confirma entonces la histeria de la “amenaza rusa” que la Unión Europea proclama? Obviamente es así como lo interpretan y lo interpretarán los memos con piñón fijo de Berlín, Bruselas, Londres y París, así como su lamentable ejército de propagandistas que nos están llevando de la oreja a una guerra.

La “amenaza rusa” no es más que un recurso para conjurar la propia desintegración de la Unión Europea y justificar el rearme. Cuando muchas cosas se están resquebrajando, la amenaza exterior de ese maligno enemigo es importante como elemento de cohesión de un club europeo cada vez más desestructurado internamente y más irrelevante en el mundo. Eso está claro. Pero para lo que aquí nos importa la “amenaza rusa” también es otra cosa: una profecía autocumplida, una creencia falsa en su origen pero que contribuye y alimenta su realización.

La “amenaza rusa” es una profecía autocumplida, una creencia falsa en su origen pero que contribuye y alimenta su realización

La “amenaza rusa” es una profecía autocumplida, una creencia falsa en su origen pero que contribuye y alimenta su realización

Puedes meterle el dedo en el ojo a tu perro o a tu gato, y anunciar al mismo tiempo que te va a pegar un mordisco o un zarpazo, con la seguridad de que al final eso es precisamente lo que te ocurrirá. 

Es lo que pasó con la desastrosa invasión rusa de Ucrania de febrero de 2022, que el establishment occidental siempre acompaña del adjetivo “unprovoked”, “no provocada” –significativamente ausente, dicho sea de paso, de la guerra contra Irán–. Hoy la gente informada y no cegada por la demonización de lo ruso ya sabe que en 2022 Moscú llevaba más de treinta años reclamando aquella “arquitectura de seguridad colectiva europea” que se prometió a la URSS de Gorbachov. Sabe que todas las “líneas rojas” que Rusia formuló en materia de ampliación de la OTAN fueron ignoradas una tras otra. Quienes vivimos aquello en primera línea –e informamos sobre ello de la forma más clara y directa posible, teniendo en cuenta la corrupción estructural de nuestros medios – recordamos la boba sonrisa del secretario general de la OTAN de entonces, Javier Solana, diciendo en Moscú que la oposición rusa a la ampliación carecía de sentido “porque la Guerra Fría se acabó” y “ya no somos enemigos”. Los generalotes rusos (y no solo ellos, también muchos expertos y estrategas occidentales de primera fila) se regían por algo mucho más real y concreto. Se trata de aquella máxima del canciller Bismarck según la cual “lo que importa no son las intenciones, sino las capacidades”. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, pues que si tienes a un tipo que te está apuntando con un revólver y que al mismo tiempo te está diciendo que no tiene la menor intención de dispararte, lo que cuenta es el revólver que te apunta y no lo que el tipo dice. Así de elemental.

Todo el mundo reconoce que Rusia no solo lucha en 2026 contra Ucrania, sino también, y sobre todo, contra la OTAN

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Primero fue Europa central, luego Europa oriental, el Báltico y el Mar Negro. Entretanto hubo una guerra para inducir la disolución de la anomalía yugoslava y comprobar la necesidad de la OTAN con una “guerra humanitaria”. Se llegó a la instalación de baterías antimisiles en Polonia y Rumanía “contra........

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