Una frontera de todo menos porosa
Las autoridades de la Unión Europea están decidiendo estos días las imágenes que incluirán en sus nuevos billetes. Una opción digna para representar la Europa actual podrían ser los cadáveres en el agua.
En el enclave español de Ceuta, la semana pasada se sumaron, al menos, otras 88 muertes al total acumulado de 1.570 personas fallecidas en el Mediterráneo central este año y a las decenas de miles que yacen en la fosa común en la que se han convertido las costas y los ríos de Europa.
Las muertes en Ceuta se produjeron cuando una cifra sin precedentes de 72.000 personas intentaba llegar a la ciudad (junto con Melilla, uno de los dos reductos de territorio español y de la UE en suelo norteafricano), muchas de ellas a nado. La mayoría parecen haber sido marroquíes que huían de la pobreza y de las escasas oportunidades, pero también había africanos subsaharianos (en esta ruta se suelen encontrar refugiados de la guerra de Sudán).
“Fue un desastre”, afirma Francesca Fusaro, de la ONG humanitaria No Name Kitchen, cuyos seis voluntarios se quedaron sin comida ni suministros casi de inmediato. A lo largo de 2026 ya habían atendido unos tres mil intentos de cruce. Ahora las estanterías de los supermercados se estaban quedando vacías y sin la esperanza de poder reabastecerse durante varios días.
Las imágenes de una pequeña comunidad desbordada han dado la vuelta al mundo y están sirviendo para defender un cierre más extremo de la frontera. Pero el caos en Ceuta es el resultado, precisamente, de ese cierre.
Las imágenes de una pequeña comunidad desbordada han dado la vuelta al mundo
Las imágenes de una pequeña comunidad desbordada han dado la vuelta al mundo
La frontera de Ceuta se valló hace treinta años, cuando Europa puso fin a los patrones tradicionales de migración circular en los que los norteafricanos cruzaban libremente de un lado a otro con regularidad. Esto provocó inmediatamente un aumento de la migración por parte de quienes temían perder definitivamente el acceso a Europa.
En la ola de securitización masiva posterior al 11S, la vigilancia y el control fronterizos se endurecieron aún más. La UE asumió nuevas competencias y su nueva agencia fronteriza, Frontex, se desplegó junto con las fuerzas españolas frente a las costas del norte de África en 2006. El desalojo violento por parte de las autoridades marroquíes de los campamentos de migrantes cerca de los enclaves en 2015 no impidió que se produjeran más cruces; tampoco lo hizo la masacre de Melilla de 2022, en la que decenas de personas fueron asesinadas por las fuerzas españolas y marroquíes en la frontera.
Treinta años de criminalización de la migración han creado un entorno en el que los refugiados y migrantes dependen de los traficantes y, en ocasiones, de cruces masivos caóticos.
En este caso, a pesar de que se habla de que la UE está desbordada, las fuerzas españolas en Ceuta gestionaron devoluciones a gran escala al día siguiente. Pero también deberíamos preguntarnos: ¿a qué precio? ¿Cuántas personas no pudieron ejercer su derecho a presentar una solicitud de asilo antes de ser devueltas a la fuerza? ¿Cómo se identificó a los presuntos migrantes, cuando los residentes de Ceuta de origen marroquí denunciaron que se escondían en sus casas por temor a la discriminación racial? ¿Se podría haber hecho más para evitar las muertes?
Son preguntas incisivas, pero, por desgracia, es poco probable que se planteen. Las muertes en la frontera se han normalizado, y cuando el tema se cuela en el discurso público (con la notable excepción del llamamiento del papa León a mostrar más humanidad en el debate sobre la migración durante una reciente visita a Lampedusa) suele ser para empeorar las cosas. Recientemente, la UE aprobó nuevas leyes de deportación de línea dura, que se inauguraron entre cánticos de “que los manden de vuelta”, liderados por eurodiputados de extrema derecha.
Ceuta no solo es una prueba para la moral de Europa, también para su capacidad de organización. Se suponía que el nuevo y severo Pacto por la Migración, muy criticado por los defensores de los derechos humanos, forjaría la unidad europea en situaciones como esta. En cambio, la respuesta a Ceuta ha sido caótica, lo que ha desorganizado aún más al bloque. El presidente español, Pedro Sánchez, ha criticado duramente la reacción de algunos líderes europeos calificándola de “egoísta e........
