Lo normal es que no tengamos miedo |
El jueves 26 ocurrieron dos hechos que conectan lugares que para muchas personas parecen muy lejanos: un parlamento en Bruselas y un edificio de Usera. Ese mismo día, mi vecino Serigne Mbaye fue detenido, justo cuando el Parlamento Europeo aprobaba el Reglamento de Retorno. Esta norma endurece la política migratoria europea, permitiendo que la irregularidad de una persona conlleve hasta 24 meses de cárcel, expulsión a terceros países desconocidos y redadas para detener a quienes se consideran “ilegales”. En la práctica, este reglamento abre un poco más la puerta a la xenofobia en Europa, legitimando registros y detenciones sospechosas de sesgo racial, como la que vivió Serigne.
Serigne estaba abriendo otra puerta, la del portal de nuestra casa, cuando un coche de policía de paisano frenó bruscamente a su lado. Actuaban por un aviso de “gente sospechosa en el barrio, con aspecto de robar un coche”. De todas las personas que caminaban por la zona a esa hora, la única señalada para el registro fue Serigne, a pesar de estar haciendo algo tan poco sospechoso como introducir la llave en su propio portal. Nuestros hijos e hijas, que jugaban en el patio, lo vieron todo y, asustados, avisaron a las personas adultas, que bajaron a explicar que Serigne no había hecho nada. A medida que crecía el número de vecinos, también aumentaba el de policías, que protegían con una fuerza desmedida la actuación de sus compañeros: dos agentes con la rodilla sobre la espalda de una persona racializada, mientras varias personas blancas repetían que no había hecho nada.
Ya tenemos la imagen que conecta. No es una imagen nueva, no es una imagen solo nuestra. Las llaves de Serigne siguen colgando de la cerradura, como si quisieran sostener algo de normalidad en esta locura. Ninguna de estas personas blancas ha sido nunca identificada en la puerta de su casa. Para ellas es normal no ser identificadas. ¿Cuántas personas racializadas son identificadas a diario sin haber hecho nada? Para ellas, ¿tiene que ser normal ser identificadas? La realidad no se para y más policías agreden, empujan, lesionan y detienen a seis de las vecinas que habían bajado, las detienen incluso dentro de su casa. Se les acusa de atentado a la autoridad, de lesionar a varios policías. ¿Lesionar? ¿Con qué? ¿Con sus palabras? ¿Atentar contra qué? ¿Contra la legitimidad del Reglamento de Retorno que en ese momento se votaba?
Sabemos que lo ocurrido en la puerta de nuestra casa no es un caso aislado, ya que lo observamos con frecuencia en nuestros trayectos cotidianos y lo escuchamos en boca de las personas afectadas, las familias de origen migrante de nuestra comunidad escolar. Es tan cotidiano como escuchar frases del estilo “¿pero seguro que no ha hecho nada?”. O tan habitual como percibir miradas que dan veracidad a la versión policial. “No es normal que la policía intervenga sin razón”. Sabemos que esta normalidad tan local tiene su reflejo o su origen en la normalidad con la que ha actuado el Parlamento Europeo. De pronto es normal ver que la extrema derecha rompe el cordón sanitario que había a nivel europeo pactando para aprobar la ley. Ya forman parte de gobiernos en distintas comunidades autónomas. Percibes esta nueva normalidad en las miradas de varios policías que intervienen y golpean a mis vecinas, la misma normalidad con la que miran quienes intervienen y golpean en Minneapolis. De pronto es normal que quienes defienden la igualdad de trato, el ecologismo, el feminismo o los derechos humanos sean considerados tan extremistas o más que quienes se enorgullecen de haber empujado y sacado adelante esta ley de retorno. La ley y la intervención policial en la puerta de mi casa en simbólica sincronía de esta normalidad.
Aunque a veces nos cuesta verlo, sobre todo en épocas convulsas como esta, son igual de frecuentes y siempre han estado las respuestas solidarias de la gente ante las injusticias. En estos días son ya más de 300 las organizaciones que han demostrado esta solidaridad firmando en apoyo a mis vecinas, las que bajaron el jueves porque para ellas eso es lo normal. Nos lo demuestran en lo cotidiano las vecinas de bloques cercanos que lo presenciaron. Al día siguiente se solidarizaron con Serigne al cruzarse por la calle, porque para ellas es normal mostrar apoyo a un vecino. Nos lo demuestran también las familias del colegio de los niños y niñas que se asustaron con la policía en la puerta de su casa. Se están organizando para apoyarse en el proceso de regularización extraordinaria. Esto no les da miedo a nuestros hijos e hijas, porque lo normal no les debería dar miedo.
Nacho García Pedraza es socio de Garúa Sociedad Cooperativa Madrid y vecino de Serigne Mbaye.