“Las universidades israelíes están al servicio del proyecto colonial” |
Las universidades suelen presentarse como espacios de pensamiento crítico y producción de conocimiento. Pero ¿qué ocurre cuando esas mismas instituciones participan en proyectos de colonización, apartheid o violencia estatal? Esta es la pregunta que guía el trabajo de la antropóloga israelí Maya Wind. En Torres de acero y marfil. Cómo las universidades israelíes destruyen la libertad palestina (Verso Libros, 2026) examina el papel de las universidades israelíes en el proyecto sionista y en la infraestructura política y militar del Estado. Hablamos con ella durante su gira por el Estado español –Bilbao, València, Barcelona y Madrid–, organizada junto a colectivos como la Red Universitaria por Palestina, BDS o Prou Complicitat, en un momento de debate creciente sobre el boicot académico y la responsabilidad de las universidades occidentales ante la guerra en Gaza.
En esta entrevista, Wind sostiene que las universidades israelíes no pueden entenderse como instituciones neutrales ni separadas del aparato estatal. A lo largo de la conversación aborda cuestiones como la relación entre academia y complejo militar-industrial, la función de los campus en la expansión territorial israelí, la represión contra estudiantes y académicas palestinas o el auge de las campañas internacionales de boicot académico.
Antes de ser académica fue objetora: en 2008, siendo estudiante de secundaria, se negó públicamente a incorporarse al ejército israelí. ¿Qué entendió entonces que le llevó, años después, a estudiar las universidades y no los cuarteles?
Un proyecto colonial como el israelí no se sostiene solo con el ejército: necesita un entramado institucional mucho más amplio
Un proyecto colonial como el israelí no se sostiene solo con el ejército: necesita un entramado institucional mucho más amplio
Me negué a alistarme en 2008, durante la Segunda Intifada, dentro de pequeñas movilizaciones de estudiantes de secundaria israelíes contra el servicio militar obligatorio. Toda nuestra educación estaba orientada a prepararnos para ese servicio, y rechazarlo significaba retirar nuestro trabajo a las instituciones que sostienen el apartheid y el dominio colonial. Lo que entendí entonces, y que tardé años en poder formular, es que un proyecto colonial como el israelí no se sostiene solo con el ejército: necesita un entramado institucional mucho más amplio que lo legitime, lo planifique, lo dote de tecnología y de relato. La universidad es una pieza central de ese entramado.
El libro insiste en que esto no es una anomalía israelí y que otros Estados coloniales también construyeron sus universidades sobre el despojo. ¿Qué singulariza al caso israelí dentro de esa genealogía?
La universidad como infraestructura de la violencia colonial no es una excepción israelí, sino una estructura histórica. Estados Unidos, Canadá, Australia o Nueva Zelanda levantaron sus sistemas de educación superior sobre tierras indígenas no cedidas: con la Ley Morrill de 1862, 245 pueblos indígenas perdieron 4,3 millones de hectáreas para financiar las universidades estadounidenses, muchas construidas además con mano de obra esclava o con el dinero de la trata. Los propios pueblos indígenas las llaman “universidades expropiadoras de tierras”. En Sudáfrica, las Leyes de Tierras de 1913 y 1936 fundaron una educación superior diseñada para hacer cumplir el apartheid. Las universidades israelíes pertenecen a esa tradición. Lo que las singulariza es que su papel no es solo fundacional, sino explícito y actual: sostienen un régimen que hoy la mayoría de la comunidad internacional reconoce como apartheid y le aportan investigación, capacidades militares y legitimidad en tiempo presente.
Esa imbricación, dice, es anterior incluso al Estado. ¿Cómo nacen las universidades israelíes ligadas al aparato militar?
De forma muy literal. Antes incluso de 1948, el movimiento sionista fundó tres instituciones al servicio de sus objetivos territoriales: la Universidad Hebrea, el Technion y el Instituto Weizmann. En 1946, la milicia Haganá creó HEMED, el Cuerpo Científico, con bases en los tres campus. En abril de 1948, un doctorando en microbiología de la Universidad Hebrea preparó bacterias de tifus y disentería que se emplearon en la operación Echad Vuestro Pan –supervisada personalmente por Ben-Gurión– para envenenar las fuentes de agua de las comunidades palestinas e impedir así el retorno de quienes habían sido expulsados. El Weizmann y el Technion se convirtieron en el centro científico-militar del Estado; de HEMED nació, en 1958, Rafael, una de las grandes empresas armamentísticas israelíes, que todavía se autodenomina “el laboratorio nacional de Israel”. Israel Aerospace Industries surgió del........