La cuestión migratoria: Meloni vs. Sánchez

Desde hace varios años, el debate europeo sobre la inmigración se presenta como una oposición simple entre apertura y cierre, humanismo y nacionalismo, izquierda buenista y derecha responsable. Sin embargo, las políticas migratorias realmente llevadas a cabo por los gobiernos europeos cuentan una historia mucho más compleja. Detrás de los enfrentamientos ideológicos aparece una paradoja cada vez más visible: ciertas políticas de apertura migratoria parecen mejor aceptadas cuando son impulsadas por gobiernos nacionalistas que cuando emanan de coaliciones progresistas o socialdemócratas. El último sondeo de 40dB. para El País, publicado el 3 de mayo, revela así una fractura ya clásica en nuestro país: mientras que la medida es apoyada por los electores de izquierda, es rechazada masivamente por los de derecha.

La comparación entre Italia y España ilustra a este respecto una realidad más matizada. Mientras Giorgia Meloni desarrolla desde su llegada al poder una retórica muy dura sobre la inmigración, su gobierno ha abierto paralelamente varios cientos de miles de permisos de trabajo para responder a las necesidades de la economía italiana. En España, por el contrario, la propuesta de regularización de cientos de miles de inmigrantes en situación irregular provoca una polarización política y cultural mucho más fuerte, a pesar de necesidades económicas comparables. Este contraste sugiere que los sectores populares no reaccionan únicamente a los flujos migratorios en sí mismos, sino también al marco narrativo y político en el que estos se presentan.

Desde 2023, el Gobierno italiano ha aprobado la entrada de varios cientos de miles de trabajadores extranjeros a través del Decreto Flussi 

Desde 2023, el Gobierno italiano ha aprobado la entrada de varios cientos de miles de trabajadores extranjeros a través del Decreto Flussi 

La Italia de Meloni ofrece en este ámbito un caso particularmente revelador. Desde 2023, el Gobierno italiano ha aprobado la entrada de varios cientos de miles de trabajadores extranjeros a través del Decreto Flussi con el fin de responder a la escasez de mano de obra en la agricultura, la construcción, la industria o los servicios personales. En muchos otros países europeos, una política semejante habría suscitado probablemente una fuerte contestación dentro del electorado popular de derecha. Las declaraciones de Bruno Retailleau en Francia el pasado mes de abril, candidato de derechas de gobierno (lo equivalente de nuestro PP) a las presidenciales, que en plena pugna por captar parte del electorado popular del Rassemblement National criticó duramente a España por la regularización de alrededor de 500.000 inmigrantes en situación irregular, amenazando con “poner a España al margen de las naciones europeas”, van por ejemplo en ese sentido. Sin embargo, Fratelli d’Italia ha seguido estando muy alto entre las clases obreras y populares, como lo mostraba el sondeo SWG de 2024 postelecciones europeas: el 39 % de los obreros mantenían su apoyo a la jefa del ejecutivo de extrema derecha que gobierna el país.

Pero lo que podría parecer una paradoja en realidad no lo es. Meloni nunca presenta esta inmigración como una política de apertura moral o universalista. La inscribe, por el contrario, en un relato de soberanía........

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