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Sobre el dolor: los sentidos informan, los dolores ordenan

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17.02.2019
¡Hola! El proceso al Procès arranca en el Supremo y CTXT tira la casa through the window. El relator Guillem Martínez se desplaza tres meses a vivir a Madrid. ¿Nos ayudas a sufragar sus largas y merecidas noches de fiesta? Pincha ahí: agora.ctxt.es/donaciones A menudo los problemas de los que nos ocupamos los filósofos son intratables, o están mal planteados, o las dos cosas. No es casualidad: es precisamente su carácter paradójico lo que acredita, en parte, a un problema como filosófico. Progresar en el tratamiento de problemas así quiere decir apenas mejorar su situación: sustituir los “problemas intratables” por otros más tratables, plantear mejor los mal planteados. No he hablado de soluciones: cuando los problemas están maduros, ya se encargará de ellos la ciencia. Según una manera popular, y plausible, de resumir la historia de las ideas, una disciplina se independiza de la matriz filosófica para constituirse en ciencia cuando los problemas de los que se ocupa dejan de ser intratables. No todo problema mal planteado o intratable merece ser objeto de reflexión filosófica, claro. Hay chorradas y hay barbaridades con las que no es necesario perder el tiempo. Entonces, ¿qué características debe tener un problema, además de ser algo recalcitrante, para que los filósofos se ocupen de él? Son problemas en los que no podemos dejar de pensar. Sería mucho mejor un criterio que no dependiese de nuestros caprichos y obsesiones pero ahora mismo no lo tengo y, ojo, igual no lo hay. ¿una descarga de neurotransmisores es igual a sensación de mano sobre terciopelo? Pero, ¿de qué estás hablando? Intratables, mal planteados, de acuerdo, no podemos dejar de pensar en ellos... hay muchos problemas así: en qué consiste la justicia; cuál es la diferencia entre estar vivo y estar muerto; cuál es la relación entre sexo y género; qué es el paso del tiempo. Uno de los que me interesan a mí, el que quería discutir ahora, es el de la relación entre los sucesos mentales y los sucesos físicos. Ejemplos de sucesos mentales son la sensación característica de un escalofrío, un corte en el dedo, o ver una pared pintada enteramente de rojo (que difiere de ver una pared pintada enteramente de verde de una manera quizás evidente, pero difícil de expresar en palabras). Ejemplos de sucesos físicos son el derrumbe de un puente, la descarga de un neurotransmisor, que se estropee un bocata olvidado en la mochila o que una cierta población de neuronas oscile en el rango alfa de frecuencias. ¿Cuál es el problema filosófico? A estas alturas del desarrollo de la psicología y la neurociencia todo el mundo piensa que los sucesos mentales tienen que ser también sucesos físicos. Poca gente está ya dispuesta a aceptar que para ofrecer el catálogo completo de entidades primitivas de lo real tenga que empezarse con la física de partículas, enumerando fermiones y bosones y luego seguir, hasta llegar a lo que se siente al pasar la mano sobre terciopelo, o al aburrirse una tarde de domingo. Lo mental no sería más que una provincia de lo físico, vaya. Pero, por el otro lado, es difícil pensar en cosas más distintas que un escalofrío y una oscilación neuronal en el rango alfa de frecuencias. Proponerlas siquiera como candidatas a ser la misma cosa tiene un aire de sinsentido, de taxonomía locuela, de realismo mágico de segunda regional. El problema mente-cuerpo, que es como se le suele llamar, tiene todas las características de un problema filosófico. No podemos dejar de pensar en él, y parece ser insoluble, o estar mal planteado o algo pasa: “¿una descarga de neurotransmisores es igual a sensación de mano sobre terciopelo? Pero, ¿de qué estás hablando?” Las inefables propiedades fenoménicas de la sensación no son, en realidad, inefables: son representaciones de los........

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