El Bully |
René Redzepi, el cocinero más celebrado del mundo, cabeza visible de Noma, se ha retirado de la primera línea de los negocios que bajo el paraguas del restaurante siguen funcionando tras el cierre del local original. Lo ha hecho en medio de su “residencia de investigación” en Los Ángeles (un restaurante abierto por tiempo limitado a 1.500 dólares el menú), cuando las acusaciones de abusos laborales recogidas por el antiguo jefe de fermentación de Noma, Jason Ignacio White, en su cuenta de Instagram han alcanzado un punto crítico, con protestas en la puerta del lugar donde se situaba el restaurante pop up. American Express y otros patrocinadores han retirado su apoyo al proyecto y este, y no otro, tras un mes de rumores, ha sido el catalizador de la renuncia del chef.
La noticia, era esperable, ha generado un ingente número de reacciones de las que, quizá, la más significativa sea la de Ferran Adrià en una entrevista en la Cadena SER.
Quienes se sientan decepcionados con la tibieza de unas declaraciones que son, en todo momento, difusas, conocen poco de la realidad que se esconde, desde hace años, tras la alta cocina internacional y, especialmente, en el sector de los restaurantes controlados –el término no es casual– por la Guía Michelin.
Hay algo, además del distanciamiento –esperable en un Adrià con intervenciones realmente erráticas en los últimos tiempos y que no acaba de encontrar lugar ni para sí mismo ni para su proyecto de fundación– que resulta peculiar. El cocinero catalán está promocionando su libro Plan Genhesis, un manual, citamos, para: “[…] ayudar a los profesionales del sector a comprender, planificar y gestionar su restaurante con mayor rigor empresarial”.
Redzepi amenazaba a sus trabajadores (a quienes no pagaba) con incluirles en una lista negra si no completaban su ‘estancia’ de seis meses en Noma
Redzepi amenazaba a sus trabajadores (a quienes no pagaba) con incluirles en una lista negra si no completaban su ‘estancia’ de seis meses en Noma
Lo primero que hace el Adrià reconvertido en gurú del emprendimiento es cuestionar a las víctimas de acoso de Redzepi. “Si es verdad todo esto, hay una cosa que no entiendo muy bien ¿Por qué no se ha ido la gente?” La pregunta de Adrià tiene dos respuestas rápidas y nos permite una tercera, más compleja, a modo de reflexión.
La primera respuesta es que la postura de un Adrià sorprendido (“si es verdad”) resulta poco creíble en el universo de la alta gastronomía, en el que el comportamiento de Redzepi era conocido hace años. Entre otras cosas porque él mismo dejó que le grabasen y que se emitieran escenas de acoso y toxicidad laborales en el documental Noma at Boiling Point.
La segunda, que también es conocida, es que no se iban, tal vez, porque Redzepi amenazaba a sus trabajadores (a quienes no pagaba) con incluirles en una lista negra si no completaban su ‘estancia’ de seis meses en Noma. La amenaza se entregaba por escrito, junto con las condiciones de trabajo en el restaurante, la mayoría de ellas cuestionables en cualquier legislación europea.
Hagamos una pausa para una primera consideración. A Redzepi no pareció importarle, en ningún momento, exhibir unos comportamientos que podrían fácilmente suponer una demanda por acoso laboral en un documental para visionado público. Tampoco le pareció mala idea entregar a sus trabajadores una misiva en la que les amenazaba con chantajearles en caso de que decidieran, como es su derecho, extinguir una relación laboral, más aún en este caso cuando la relación laboral está viciada de origen ya que se trata de pura y simple explotación, dado que no se les pagaba.
Parece evidente que Redzepi, y todo su equipo, estaban tan fuera de la realidad que no les preocupaba dejar testimonio........