Paletismo y despilfarro

El próximo día 8 de abril, en una fastuosa gala que se celebrará en Barcelona a todo trapo, se fallará el Premio Aena de Narrativa y se sabrá quién es el afortunado ganador del millón de euros con que está dotado este nuevo galardón. Entretanto, desde el pasado día 18 de marzo se conoce ya el nombre de los cinco finalistas: Héctor Abad Faciolince, Nona Fernández, Marcos Giralt Torrente, Samanta Schweblin y Enrique Vila-Matas. Ninguno de ellos resulta inesperado o chocante para los lectores más o menos avezados. Está claro que los diez miembros del equipo de preselección no se han devanado mucho los sesos ni se han puesto a fisgar debajo de las alfombras para dar con libros o autores que se desmarquen mínimamente de los cauces más obvios. Al parecer, a la industria editorial española no se le habría escapado ningún título entre los más relevantes del año 2025. Y esto que son millas. En un mapa literario que abarca veintiún países y en el que se cuentan por centenares los sellos grandes, medianos y pequeños que publican a incontables escritores cada año, parece ser que desde aquí, desde España, nada se nos pasa por alto. 

En unos tiempos en que se habla hasta la saciedad de la potente emergencia de la literatura de mujeres, los varones, cómo no, se imponen numéricamente.

En unos tiempos en que se habla hasta la saciedad de la potente emergencia de la literatura de mujeres, los varones, cómo no, se imponen numéricamente.

El equipo de preselección no ha considerado digno de quedar finalista en ningún libro traducido del catalán, del euskera o del gallego. La media de edad de los cinco autores preseleccionados supera los 60 años, siendo Samanta Schweblin, de 48 años, la más joven. Se diría que en lengua española la buena literatura es cosa de veteranos. No deja de sorprender que España sea el único país que cuenta con dos finalistas. Al parecer, nada menos que dieciocho países de habla española carecen, entre los publicados en 2025, de un título lo suficientemente atractivo como para imponerse a Canon de cámara oscura , de Enrique Vila-Matas, oa Los ilusionistas , de Marcos Giralt-Torrente. Y en unos tiempos en que se habla hasta la saciedad, sobre todo en Latinoamérica, de la potente emergencia de la literatura de mujeres, los varones, cómo no, se imponen numéricamente.

El cerca de millones de euros para la promoción y compra masiva de ejemplares de los títulos finalistas se engrosarán en parte las cuentas ya millonarias de los grandes grupos editoriales. 

El cerca de millones de euros para la promoción y compra masiva de ejemplares de los títulos finalistas se engrosarán en parte las cuentas ya millonarias de los grandes grupos editoriales. 

Los libros de los cinco finalistas coinciden en haber sido publicados todos ellos por grandes conglomerados editoriales. Samanta Schweblin y Enrique Vila-Matas han sido publicados por Seix Barral, sello perteneciente al Grupo Planeta. Héctor Abad Faciolince y Nona Fernández han sido publicados por Alfaguara y Literatura Random House, sellos pertenecientes al Grupo Penguin Random House. En cuanto a Marcos Giralt Torrente, ha sido publicado por Anagrama, perteneciente al Grupo Feltrinelli. Es decir, que el cerca de millón de euros dedicado por Aena para la promoción y compra masiva de ejemplares de los títulos finalistas engrosarán en parte las cuentas ya millonarias de estos grandes grupos editoriales, que por su parte ya conceden, a su vez, importantes premios literarios, algunos de ellos generosamente dotados. Premios que en alguna ocasión ya han distinguido, por cierto, a algunos de los autores finalistas, en cuyos respectivos currículos se cuenta un número notable de galardones tanto comerciales como institucionales cuyas dotaciones, sumadas, arrojan cifras muy sustanciosas. De lo que se desprende que esa labor de mecenazgo cuya importancia tanto enfatizaba Maurici Lucena –presidente y consejero delegado de Aena– en una repelente tribuna publicada el 14 de marzo en El País (“Mecenazgo, lectura y prestigio literario”), va a ejercerse, en........

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