Lo del papa

1- Pese a su robustez –el 82% de los votantes de Trump, según The New York Times / TNYT, siguen apoyándole esta mañana a primera hora; se dice rápido–, el trumpismo, desde la última vez que nos vimos, emite señales de incipiente decadencia –no se ilusionen, que eso se puede invertir; miren España, o yo mismo, en crisis desde el XVII–. Es más, esta semana Trump ha metido la pata de manera estructural en todos sus frentes abiertos. Y, como todos ustedes saben por lo suyo, una semana metiendo la pata en todos los frentes desazona. Veámoslo.

2- En el estricto frente iraní, y en palabras del profesor Emilio Rodríguez-Díaz –una muy buena fuente, lacónica, académica, sobria, sobre derecho y seguridad marítima; en Bluesky–, EEUU ha estado haciendo un bloqueo inabarcable –esto es, ningún bloqueo, pero al precio comunicativo y material de una superproducción– en el estrecho de Ormuz. Ese no-bloqueo, por el mismo precio, adquiere las formas de lo que la UNCLOS –algo así como la constitución de algo así como la República Planetaria del Mar– define como –ay, uy– piratería. Por lo que Trump ha sido, a efectos prácticos, una suerte de Sandokán, pero con la cara pintada de butano. Es decir, un payaso –no desprecien a los payasos; la obra de Stephen King ya advierte sobre ellos cuando se suben a la parra–.

3- Sobre todo este caos creado en Oriente Medio –de la nada, como solo puede hacerlo un dios del Antiguo Testamento canijo y con graves errores de cálculo–: Trump está emitiendo, parejo a todo lo anterior, señales claras de que quiere dejar lo de Irán. Pero, como yo con el tabaco, sin saber cómo ni cuándo. No se lo pierdan.

4- A pesar de las escenografías vertidas, sigue negociando con Irán. Sí, es difícil negociar algo cuando los negociadores son promotores inmobiliarios venidos a más –es decir, desatados– como lo son Witkoff & Kushner / Popof & Teddy. Pero ha trascendido –vía TNYT– que el punto, el fleco, el caso de la cosa de la negociación es uno. Y no es el control de Ormuz –lo que habla de la debilidad de EEUU; no se pierdan, en ese sentido, el punto 9–, sino lo del enriquecimiento de uranio. Trump exige aquí una demostración desmesurada de su poder, sumamente escaso en esa región, visto lo visto: una moratoria eterna. Mientras que Irán ofrece solo cinco añitos. Y aquí viene lo divertido: el vicepresi Vance pedía, en las 21 horas de negociación con Irán que capitaneó, veinte años. Lo que es una desautorización de su presi y una visualización de cierta descoordinación. Lo que nos lleva a hablar de Vance, ese hombre.

Lo que antes era la aristocracia, esos zánganos, hoy es la selección negativa

Lo que antes era la aristocracia, esos zánganos, hoy es la selección negativa

5- Vance no es gran cosa. Pero no se crean que el staff de un Estado, ni siquiera el de una hiperpotencia, está formado por doctores en Física. El neoliberalismo, en ese sentido, ha supuesto la vuelta al Estado de perfiles desaparecidos durante los Treinta Gloriosos –1945-73–: personas sin perfil profesional, sin una gran formación, sin una gran carrera fuera de la política. Lo que antes era la aristocracia, esos zánganos, hoy es la selección negativa, en fin. En este caso se trata de un hombre voluble, inseguro, que ha sufrido varias transformaciones absolutas a lo largo de su vida. Tal vez demasiadas. En el estado en el que nos ha llegado, es un hombre con una devoción absoluta por Thiel, que ha sufrido aún más conversiones. La más importante fue al trumpismo, un autoritarismo que atacó ferozmente antes de su paso a la política profesional. Menos importante, pero determinante, es su siguiente conversión, al catolicismo. Un catolicismo blanco/no hispano, oficiado en latín, esa lengua que Vance también ignora, pero que aporta glamur, antigüedad, eternidad, verticalidad teocrática al asunto. En su conversión hay un anhelo trumpista no solo no cumplido, sino –punto 6– aplazado estos días, tal vez de manera definitiva: el dominio, la domesticación del catolicismo, de la Iglesia que, sin otros vestigios del Concilio Vaticano II que algunos residuos personales –por ejemplo, en las personas de los dos últimos papas–, es, tras cinco décadas de neoliberalismo, lo único enorme que queda fuera de él. La Iglesia, en fin, y por ausencia de competencia –lo que alude a una crisis king-size de las izquierdas–, es hoy, y a diferencia de los años treinta y cuarenta y del XX, el gran hecho a) democrático, b) laicista y c) multilateral. Si bien, claro, la Iglesia sigue siendo, al mismo tiempo, más cosas. A saber: abusos a menores y aquello, difícil de definir, que formuló el nuncio en Madrid en una recepción durante el franquismo –no se lo pierdan: hablando con un tercero, ponderó a un joven sacerdote, alabó su porte y ambición para, finalmente, preguntar a su interlocutor un dato crucial sobre el sacerdote aludido: “¿Es creyente o está en el secreto?”–.  Pues bien, esta semana Vance la ha XXXXXX también en todos sus frentes personales: a) negociación con Irán, con puntos de vista propios, alejados de Trump, si bien también mal gestionados, b) apoyo total a Orbán, esa región del trumpismo que ha perdido unas elecciones de manera histórica –no se pierdan el punto 10–. Y luego, y por todo lo alto, c) la participación en una guerra cultural –a partir de ahora, GC– contra el papa. Se trata de algo de por sí ambicioso, que además va y pierde.

6- Esta semana, en fin, se ha producido una GC Trump-papa. GC, funcionamiento: se sitúa a un tercero –en este caso, al papa– como alguien ubicado fuera de la civilización –en este caso, fuera de una cruzada loable contra un Irán nuclear y bárbaro–, lo que obliga a los usuarios de la civilización –en este caso, el trumpismo– a posicionarse en contra del papa, a cancelarlo. Las GC son guerras de exterminio –intelectual, vital– del contrario. Lo curioso es que no pretenden tanto ese exterminio literal del siglo XX como la cohesión y polarización en el bando que emite la GC, su aislamiento del mundo, de la información, de la realidad. Su radicalismo y, con ello, su obediencia ciega al líder. Con eso basta para la hegemonía, o para algunos de sus síntomas. Por todo ello es un fracaso que una parte de los usuarios de Trump –ese 82% de su electorado; sobre todo los nuevos, los que no tienen nada que ver con la vieja extrema derecha blanca, antisemita, racista, antipapista– se hayan distanciado de esa GC planteada contra el papa y a favor de algo así como la divinidad de Trump. No es común perder, de manera tan escabrosa, una batalla en una GC, ese género solo apto para ganadores. Perder una batalla en una GC presagia perder más. Miren a Orbán, que solo ha perdido una GC en su última campaña electoral. Sobre las dimensiones de la derrota de esta batalla: la cosa ha afectado, y mucho, al trumpismo internacional. Meloni, Salvini, Feijóo, hasta Vox han tenido que abrir la boca de la cara para alinearse con el papa en este conflicto. O perder aún más.

7- Cuesta ganar una GC cuando te la tiran encima, pues la GC es una disciplina en la que no se puede participar sin pasar a ser uno de los malos. Y todo ello exactamente por la misma razón por la que no podías enfrentarte al nazismo –violencia, deportación, asesinato, exterminio– con sus propias herramientas –violencia, deportación, asesinato, exterminio–. El papa no ha participado, de hecho, en una GC, lo que ha sido su éxito. Simplemente se ha limitado a la exposición de, por ejemplo, el dogma de la guerra justa en el catolicismo, más estadístico que real, por otra parte. En términos generales, en la vida no se puede contestar a, contraatacar en una GC, sino tan solo –¿tan solo?– se puede aspirar a desarticular una GC. Lo que –salvo en casos concretos como este, mal planteado por Trump– es algo lento y costoso. Y aburrido si se realiza sin humor, pues eso sucede a través de la información, mucho menos sexy y divertida que la desinformación, de por sí creativa. Quizás la gran diferencia de estas nuevas extremas derechas sea la mera práctica de la GC, esa disciplina ya decodificada, que precisa de mucho tiempo para ser paliada, en tanto la GC ofrece a su consumidor algo que pocas cosas –en la política, en el trabajo, en la vida– pueden darle: placer. Incluso cuando lo comunicado por la GC ya es evidente que es falso. Piensen en Milei –ya reconocido como farsante en la sociedad argentina  y que, no obstante, ganó las elecciones de 2025– y pensarán en Trump, otro líder ya percibido como un delincuente social, como ilustra el último volquete de datos económicos ofrecido por el FMI.

Quizás la gran diferencia de estas nuevas extremas derechas sea la mera práctica de la GC

Quizás la gran diferencia de estas nuevas extremas derechas sea la mera práctica de la GC

8- El FMI, la agenda del neoliberalismo por décadas, ya está empezando a hablar de “economía de guerra”, algo propio de un nivel de conflictos armados que, desde 2006, se han disparado hacia proporciones de cuando, glups, la IIGM. Señala así un gasto militar tan elevado –en EEUU y en la UE– que supondrá deuda –en EEUU de más del 140% del PIB; en la UE del 130%–, inflación –se ha disparado a más del 3% en la UE– y recortes sociales –nadie habla de ello; están en la agenda; son la agenda–. Habla de secuelas de la guerra en Irán descomunales, como un recorte del 7% en el PIB planetario. Zas. La UE habla, a estas alturas de la guerra, de pérdidas en Europa por valor de 22.000M€.

9- Un último matiz sobre la semana horribilis de Trump. Irán ha impuesto un –más o menos efectivo, como siempre– alto el fuego en Líbano. También ha puesto sobre la mesa el bloqueo del mar Rojo –el sello, el punto G de una extensión del conflicto, a tutiplén y sin fecha de caducidad–. Y, finalmente, y en lo que es una manifestación de poder muy resultona, ha decidido volver al orden internacional, abriendo el estrecho de Ormuz –el lector de CTXT sabe que, desde el primer día, nunca estuvo cerrado– a países que no le pagaban un peaje que, por lo visto, ha desaparecido mientras dure la tregua. Lo que visualiza la estética de lo que está pasando. Una disociación entre lo que Trump dice y hace. Lo que puede ser importante si, en efecto, se visualiza a gran escala entre ese 82% de su electorado. Lo que, en el tiempo, puede desautorizar a Trump, desarticular su GC continua. Veremos.

10- Hungría: pierde Orbán. Es decir, se crea un precedente de que también pueden perder Putin o Trump. Se trata de una victoria importante, en tanto Orbán dominaba –es decir, domina– la Justicia, la burocracia, la universidad y el IBEX húngaro / las empresas chachis que cortan el bacalao. Es importante saber cómo se ha producido esa victoria histórica. Se ha producido a) sin acceso a los grandes medios, b) sin gran acceso a la publicidad, c) con las bases de datos de la oposición pirateadas y sometidas a acoso. Es importante que, para ello, la oposición no emitió GC, sino que logró burlar y chulear la GC continua de Orbán no tratando sus temas en campaña –nacionalismo, soberanismo–, sino consiguiendo colar otros –corrupción, economía, sanidad, educación–, lo dicho, fuera de los medios y redes, en el mundo analógico, en el boca a boca. Y, más importante aún, es clave señalar que, para vencer a Orbán, la izquierda hizo el don Tancredo. Desapareció. No concurrió a las elecciones. El parlamento húngaro resultante está formado por tres partidos, los tres de derecha o extrema derecha, que aún no lo sabemos. Es decir, el dirigente ganador, proveniente del partido de Orbán, ofrece una originalidad propia: su europeísmo. Por lo demás, desconocemos otras diferencias con la casa madre. Sus primeras medidas, que siempre son teatrales y poéticas, crean dudas al respecto: a) invitar a Netanyahu, un dirigente en búsqueda y captura internacional salvo en Estados como la Hungría de Orbán. Y, parece, la Hungría de Magyar. Y b) invitar a una pedagoga integrista católica a un acto. Yupi. Las nuevas extremas derechas se están convirtiendo en el solar sobre el que se está reedificando la exderecha exliberal. Lo que no solo es importante, sino que está pasando ya en España –no se pierdan el punto 14–.

11-Vaya, como pueden ver por el sol y el alcohol barato, ya estamos en España.

12- La Fiscalía y el ex fiscal general recurren al TC la nulidad de su sentencia, emitida por el TS, en tanto en ella se produjo indefensión –literal y no opinable, me temo: a) se despreció el testimonio de periodistas, que contradecían y restaba sentido a la sentencia final, y b) la sentencia misma fue la más dura posible contra el acusado, lo que no solo es ilegal, sino de novela de Víctor Hugo–. Podría haber partido. Pero es poco probable que el TC se enfrente al TS, pues eso ya ocurrió y el TC perdió –en 2004; el TS, además, multó, en aquel trance, a los chicos y chicas del TC a un pago simbólico de 500 pepinos; es decir, les recordó que podía condenarles a lo que quisiera; como, de hecho, ha hecho con el ex fiscal general–. En España, los poderes no se frenan entre ellos, lo que es el sentido de la separación de poderes y la independencia institucional. Se enfrentan entre ellos y, llegados a un punto, el poder fuerte masacra, en modo Scorsese, con bate de béisbol, al débil, como les habrán explicado ya sus abuelitos.

El juez Peinado participa en una GC entre, como siempre, civilización y barbarie

El juez Peinado participa en una GC entre, como siempre, civilización y barbarie

13- El juez Peinado participa en una GC entre, como siempre, civilización y barbarie. Lo hace a través de una imputación basada, como un premio Planeta, en hechos reales –la cónyuge de un presidente de gobierno trabajaba recibiendo donaciones; es poco edificante, sí, si bien no es algo que suponga necesariamente marcarse un Novio-de-Ayuso–. Como objeto de GC, el texto de Peinado no satisface la realidad ni, en este caso, la legalidad, pero sí la polarización, la indignación del bando civilizado. Por ejemplo, plantea que el uso del poder para obtener beneficios particulares –lo que se está juzgando, por cierto, en los casos Pujol, Ábalos & Koldo, Kitchen– no se veía por aquí abajo desde Fernando VII. Isabel II, La Restauración, el franquismo, el constitucionalismo –es decir, la primera emisión de GC por aquí abajo; los gobiernos Aznar siguen teniendo el récord de ministros condenados por el trinque de toda la vida–, desaparecen, en beneficio de crear un bárbaro sobre quien caer con todo el peso indignado de la civilización. Facilitando con todo ello, lo dicho, una GC antes que una sentencia.

14- Se empiezan a producir los pactos PP-Vox –que en 2023 impidieron, por su carácter surround, la victoria necesaria de Feijóo para ser presi, si así lo hubiera querido, etc.–. El primero, Extremadura. Vox se lleva a) una vicepresidencia y una Consejería de Servicios Sociales, Familia y –aparten a los niños– Desregulación. Que en los años treinta del XX equivaldría a un Ministerio de Minorías Étnicas. El Gobierno entrante será otra emisión de procesismo. A saber: se pretende no cumplir la CE78 –negando servicios a la inmigración, por ejemplo–, si bien, supongo, sin llegar a no cumplir. Con el precedente anterior del procesismo 1.0, sería lógico pensar que ese gobierno acabará en la trena, con penas del TS cuando se pone fantástico. Pero algo me dice que no desafiar los límites de la formulación de España en el XIX, sino ampliarlos, no será delito. Por otra parte, un señor de Vox grita, en modo energúmeno en un estadio, a la presidencia del Congreso, y otro, en el Parlamento de Murcia, berrea a favor del uso de la violencia –en modo Trump/EEUU– contra el aborto y la eutanasia. Están decorando el solar, ya urbanizado y listo para reedificar sobre él la derecha española, como parece que se ha reedificado la húngara. Hay prisa. Se lo están haciendo encima.

15- Se celebran al menos tres cumbres o encuentros en BCN para crear la sensación de una izquierda planetaria organizada frente a Trump. Resulta difícil de valorar el invento, pues no hay muchos precedentes en cinco décadas de neoliberalismo. En ausencia de programa, de itinerarios desde el fin del marxismo –pajarito ya a principios de los ochenta; no parece que vaya a volver–, nadie recuerda ya nada de lo no vivido por varias generaciones. Sobre la dificultad de describir estos actos: según unos medios son 20 Estados, según otros, 100. La izquierda, snif, no puede competir con la Iglesia –que es menos, pero más clara–, en efecto. Aunque en ocasiones parece que también hable en latín. Les explico otro día.


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