menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La huella del fuego en el Valle del Tiétar

34 0
04.09.2026

La carretera entre Madrid y el Valle del Tiétar atraviesa un paisaje desolado. Esqueletos de pinos devorados por el fuego y praderas de carbón. Los arroyos están secos. No se escucha a los pájaros ni el rumor del viento entre las hojas. El silencio se ha apoderado de los bosques muertos. El recorrido es realmente trágico. Hagan la prueba. Vayan y observen el panorama en vivo porque no hallarán fotografías que capten la magnitud del desastre que se produjo en julio y agosto. Suban, por ejemplo, a La Serradilla, el punto más alto del municipio de Piedralaves. En cada metro descubrirán las huellas de los estragos causados por los incendios. Ni un árbol indemne, ni un matorral, ni una brizna de piorno. Solo negrura y ceniza que se extiende por todos lados hasta donde alcanza la vista. Algunas pequeñas zonas de castaños, encinas y robles se salvaron de la quema porque tienen una corteza dura que actúa como aislante térmico, todo un suceso milagroso ante el vendaval de fuego que recibieron. Ahora han quedado como islotes verdes que resplandecen bajo la luz del día. Pero no son más que espejismos. En realidad son árboles melancólicos, como manchas aisladas en medio de la nada a los que habrá que cuidar para que no terminen sucumbiendo. Quién sabe cuántos animales despavoridos buscaron protección entre su espesura ignífuga pensando inútilmente que era su última esperanza. Lo mismo ocurre en el Valle de Iruelas, en la Sierra Oeste de Madrid, en la Sierra de Espadán de la Vall d’Uixó o en Niebla, Huelva. Más de 200.000 hectáreas abrasadas este verano. Todo deshecho, yermo.

El fuego llegó al Tiétar el 22 de julio por la cara norte de la montaña. Venía de Burgohondo. Durante los dos días siguientes, los habitantes de la comarca miraban cautelosos a la cumbre porque la vegetación escasea por encima de los 1.500 metros y el fuego encuentra dificultades para propagarse. Por si acaso, grupos de voluntarios se organizaron para abrir caminos entre los frondosos pinares y facilitar a bomberos y brigadas forestales un acceso rápido a las llamas en caso de emergencia. Todo parecía controlado pero al anochecer del viernes 24 alguien lanzó un grito de espanto: “Hay que evacuar el pueblo”. Juan Manuel Contreras no tardó mucho en hacerlo. Llenó su mochila con unas cuantas cosas y salió en dirección a Arenas de San Pedro junto a su amiga Vanesa y al perro Darwin. “Todos sabíamos que si el fuego llegaba a los pinos estábamos perdidos. Ya dentro del coche, Vane me dijo que mirara atrás. Lo hice y vi los pinos en la oscuridad ardiendo de manera incontrolable. Esa es la imagen brutal que tengo de aquello”, relata. Contreras es uno de los portavoces de la agrupación vecinal autogestionada El Bornizo, que desde hace años se organizan para limpiar rutas y senderos mientras promueven la concienciación ambiental en el entorno de la Sierra de Gredos.

Decidieron sacrificar esta comarca por salvar la Sierra Oeste de Madrid

Decidieron sacrificar esta comarca por salvar la Sierra Oeste de Madrid

Después de tres semanas de batalla y miedo, el incendio acabó destruyendo más de........

© CTXT