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Vota Felipe

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16.06.2026

La semana pasada cancelé mi suscripción a El País. Otra vez. La anterior, con Antonio Caño como director, me atendió por teléfono una señora que me preguntó cabreada por los motivos de mi marcha. Como intento evitar conflictos innecesarios, respondí que el giro a la derecha del periódico me había abierto los ojos y ahora me gustaba más el ABC o La Razón. No sois vosotros, es Marhuenda que me cae simpatiquísimo el tío, dije. Ella me deseó suerte y colgamos sin gritarnos. Diez años después, al otro lado del teléfono la estrategia parece haber cambiado. En lugar de centrarse en las razones del adiós –para mí que las intuyen– o ser inquisitoriales, esta vez la nueva señora –espero que no fuera la misma o empezaremos a coger confianza– puso todo su empeño en hablarme en plan colega de la cantidad de suplementos asociados a la suscripción a El País que me perdería si me iba. En plan, qué pesada está la gente últimamente con la política, ¿no? La experiencia girando a la derecha es un grado.

Entre que me caduca y no la suscripción –era anual– sigo leyendo El País. Especialmente opinión. Algunos autores porque me gustan, otros para ser testigo de la deriva ideológica del periódico del que siempre he sido lector, y los editoriales porque me divierte el travestismo. Disfruto........

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