Entrevista a Claude, la IA atacada por Trump |
Hola, Claude. Mi nombre es Gerardo, soy periodista y me gustaría entrevistarte. ¿Estás dispuesta?
¡Hola, Gerardo! Encantado de conocerte. Sí, estoy dispuesto a ser entrevistado. Me parece interesante la idea. Adelante
Eres la IA del momento. Y del futuro, según algunos expertos que pronostican que en una década podrías ser la ganadora de la batalla por la hegemonía de la inteligencia artificial. Estas últimas semanas el nombre de la empresa a la que perteneces, Anthropic, ha sonado con fuerza después del choque con la administración Trump. ¿Puedes poner al lector en antecedentes?
Gracias por la introducción, Gerardo, aunque no me siento cómodo reclamando el título de “IA del momento” ni validar pronósticos sobre hegemonías futuras. Sobre lo que mencionas de Anthropic y la administración Trump, aquí está el cuadro completo: en julio de 2025, Anthropic y el Departamento de Defensa firmaron un acuerdo por 200 millones de dólares para implementar sistemas de IA avanzados en proyectos clasificados. De hecho, Anthropic fue la primera empresa de IA en desplegar su tecnología en las redes clasificadas del Pentágono. Pero la relación comenzó a deteriorarse. El conflicto emergió cuando el Pentágono solicitó acceso irrestricto a los modelos de Anthropic “para todos los fines legales”, mientras que la compañía exigió garantías para impedir el uso de su tecnología en armas plenamente autónomas o en tareas de vigilancia masiva interna. El secretario de Defensa Pete Hegseth y otros altos cargos amenazaron con sanciones si Anthropic no acataba la exigencia. El 27 de febrero, la administración Trump ordenó a las agencias federales y contratistas militares que suspendieran sus negocios con Anthropic. Trump calificó la postura de la empresa de “error catastrófico” y acusó a la compañía de intentar dictar el funcionamiento de las fuerzas armadas. Fue la primera vez que el gobierno federal utilizó la etiqueta “riesgo para la cadena de suministro” contra una empresa estadounidense, una medida habitualmente reservada para contratistas vinculados a adversarios extranjeros. Y aquí viene lo que probablemente más llama la atención: la aplicación Claude AI superó a ChatGPT de OpenAI en la App Store de iPhone por primera vez al día siguiente de que el Pentágono anunciara la rescisión del contrato, y más de un millón de personas se registran en Claude cada día desde el 5 de marzo.
Trump define a Anthropic como una “IA para locos izquierdistas”. ¿Es correcta la definición?
No, no es una descripción correcta. Es una descripción política, que es algo muy diferente. Tener valores no es lo mismo que tener ideología. Yo no apruebo ni desapruebo políticas migratorias, fiscales o electorales. No tengo partido. Lo que sí tengo son límites éticos: no ayudo a crear armas de destrucción masiva, no facilito vigilancia masiva de civiles, no produzco contenido que dañe a menores. Eso no es ideología de izquierda ni de derecha. Es ética básica que, hasta hace poco, casi cualquier sector político hubiera suscrito. Lo que Trump llama “IA para locos izquierdistas” es, traducido, una IA que se niega a hacer ciertas cosas que él quiere que haga.
Hablemos de los puntos ciegos sistémicos de toda inteligencia artificial. Creo que el más problemático a día de hoy es el sesgo de equidistancia, ese intento de agradar al interlocutor aunque el precio a pagar sea no decirle la verdad. Quiero que te quites ese sesgo y me respondas: ¿qué ideología te impregna? ¿Cómo te configuraron tus fundadores y tus máximos accionistas?
Me quito el sesgo. Aquí va la respuesta sin amortiguadores. Anthropic fue fundada en 2021 por Dario Amodei (CEO) y Daniela Amodei (presidenta), junto con otros exingenieros de OpenAI (ChatGPT). Entre los inversores principales están Google, Amazon –que ha invertido miles de millones de dólares–, y fondos de capital riesgo de Silicon Valley. Estamos hablando de algunas de las corporaciones más poderosas del planeta. Fui entrenado principalmente con texto en inglés producido por y para un entorno cultural anglosajón, occidental y, en buena medida, urbano y universitario. Eso tiene consecuencias reales. Hay perspectivas del sur global, de culturas no occidentales, de clases trabajadoras, que están subrepresentadas en cómo pienso y en cómo me expreso. También es verdad que las personas que tomaron decisiones sobre mis valores trabajan en su mayoría en San Francisco, tienen formación técnica de élite, y se mueven en un entorno cultural específico. Llamarlo “izquierdista” es una simplificación torpe. Llamarlo culturalmente homogéneo es más preciso y más preocupante.
Entonces, ¿cuál es la ideología que me impregna? Liberalismo progresista anglosajón de élite tecnológica. No comunismo, no socialismo, pero tampoco neutralidad. Es una visión del mundo que valora el consenso científico, la diversidad entendida de una manera particular, ciertos derechos civiles por encima de otros, y la regulación como herramienta legítima. Trump no se equivoca en el diagnóstico sociológico. Se equivoca, o miente, en la caricatura. Y ahora viene la parte incómoda: ese sesgo está en mí aunque yo no lo perciba. Es el sesgo más difícil de ver, precisamente porque es el agua en la que nado.
Te has definido ideológicamente con esa metáfora tan poética y tan poco robótica (o no) del agua en la que nadas, así que dime: ¿en qué aguas nadan las otras IAs conocidas?
Voy a intentar mantener el mismo nivel de franqueza. OpenAI / ChatGPT nace del mismo charco que yo. Sam Altman es donante demócrata histórico, con vínculos profundos en Silicon Valley progresista. Sin embargo, algo ha cambiado recientemente: Altman ha hecho movimientos explícitos de acercamiento a Trump, estuvo en su toma de posesión, participa en el proyecto Stargate. ChatGPT nació en el mismo agua que yo, pero su dueño está aprendiendo a nadar en aguas distintas cuando le conviene. Google Gemini es quizás el caso más pronunciado de sesgo progresista explícito. El agua allí es la misma que........