El diputado Sánchez

El diputado José María Sánchez García ha logrado hacer famoso un nombre difícil de destacar. Su mérito: haber sido expulsado esta semana del hemiciclo por maleducado después de tres avisos. De propina, este juez en excedencia subió a la tribuna del Congreso con actitud amenazante hacia el vicepresidente de la Cámara que presidía la sesión. La violenta imagen del tipo invadiendo la tribuna y encarándose con el representante democrático pasará a la historia del parlamentarismo español, recordándonos lo bueno que es que en este país no haya venta libre de armas. Por si la ausencia de apellidos compuestos y nobiliarios pudiesen despistar al lector, sepan que el José María Sánchez García MVP de la semana pertenece al Grupo Parlamentario Vox –sorpresa en Las Gaunas– y que llevaba esperando este momento de gloria desde 2019. Annus horribilis para los españoles de bien, a propósito. Aquel año se perdieron dos elecciones generales en pocos meses. Dos veces se rompía España y España, tan pichi, seguía como si nada mientras el diputado José María emprendía su primera legislatura marcada por el apocalipsis inminente. Ya hace siete años de aquello. Un largo y tedioso camino en el desierto que el diputado Sánchez –seguro que le gusta que lo llamemos así– ha ido soportando como ha podido, gesticulando con la fuerza de los mares, que decía Rocío Jurado, o lanzando insultos desde su escaño por Alicante, un día sí y otro también. Contribuyendo a generar, en cada sesión plenaria, ese ruidillo ambiente tan incómodo y característico del parlamentarismo español más marrullero. Sobre todo cuando una mujer, especialidad del diputado Sánchez, sube a la tribuna. Bruja llamó a una diputada del PSOE y chillona a otra del PP este señor juez en excedencia. Comunistas, separatistas, socialistas, feministas, lesbianas, maricones e incluso negros. ¡Hay uno! ¡En serio! Esto no está pagado, parece decir su cara desde el escaño a la espera de que, por fin, un gobierno de PP y Vox le lleve a ser nombrado ministro de Justicia o, en su defecto, gobernador civil. ¿Cómo? ¿Que ya no existe el cargo?, preguntó hace unos días, más quemado que el puro que nace de su barba decimonónica.

En la imagen de este tipo que un día estalló como estallan los estudiantes de institutos norteamericanos o los guardias civiles con bigote de los años ochenta, quizá lo más destacable no sea el ridículo del diputado Sánchez en sí, sino todo lo que baila a su alrededor. Los aplausos de lo peor de lo peor en redes. De lo mejor que hay ahora mismo en el Congreso, decía en Twitter un español de bien cuya publicación más destacada es “el valle no se toca”. “Todo mi apoyo a este señor. No debe ser fácil lidiar con tanta basura”, mostraba su solidaridad otra usuaria. La negativa del PP a condenar el incidente. No era fácil para el partido del Rafael Hernando que intentó darle una hostia a Rubalcaba salir ahí y condenar el parlamentarismo de matones, pero más complicado aún era culpar al Sánchez que vive en La Moncloa y eso sí lo hicieron. Desde la moderación, por supuesto. De entre todo lo preocupante en este caso, quizá se lleve la palma el oficio de este tipo que, aunque en excedencia, sigue siendo juez. Como tal parecía dirigirse a la presidencia de la tribuna democráticamente elegida. Quién eres tú para decirme lo que puedo y no puedo interrumpir e insultar. Quién eres tú para amonestarme o expulsarme de la sala, vino a decir con su espectáculo. Casi mejor que un día sea ministro de algo. Imagínenlo si no, volviendo a su juzgado resentido y derrotado de la experiencia política. Imaginen ser mujer, inmigrante de izquierdas u homosexual y que el diputado Sánchez que se consideró con derecho a dinamitar una sesión parlamentaria e invadir la tribuna tenga poder de decisión sobre tu vida.


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