Por una primavera mediterránea

Con el segundo cerebro

Hace tiempo que deberíamos haber aprendido a razonar con dos cerebros: el cerebro de lo inevitable y el de lo imprevisible. Desde esta doble perspectiva deberíamos razonar sobre la primavera de 2027, cuando los países de la Europa mediterránea –Italia, España, Francia y Grecia– acudirán a las urnas.

No podemos estar seguros de nada, si pensamos en las próximas evoluciones de la tormenta en curso, ni siquiera del hecho de que en la primavera del 27 sigamos aquí, ni de que las condiciones mínimas de civilización para celebrar elecciones políticas sigan existiendo en ese momento. El nacionalismo ruso y el ucraniano, el nazismo sionista y la mafia belicista trumpista aprietan en un puño los destinos del continente, mientras que desde dentro se levanta una ola negra y los racistas se preparan para dar el golpe de gracia en Alemania y en el Reino Unido.

Pero supongamos que dentro de un año seguimos aquí: en ese caso, en la zona mediterránea debemos esperar el posible triunfo de una tenebrosa idiotez, a menos que surja una invención política imprevista de la que la izquierda existente es, evidentemente, incapaz.

Diría que la más sombría de las perspectivas parece inevitable: rearme acelerado, guerra, recesión, proliferación de agresiones racistas, deportaciones

Diría que la más sombría de las perspectivas parece inevitable: rearme acelerado, guerra, recesión, proliferación de agresiones racistas, deportaciones

Visto cómo se está desarrollando el juego, vistos los contendientes que se enfrentan en él, diría que la más sombría de las perspectivas parece inevitable: rearme acelerado, guerra, recesión, proliferación de agresiones racistas, deportaciones, hundimiento de las condiciones sociales. Pero si es cierto que esto parece inevitable, es necesario que alguien se ocupe de lo imprevisible.

¿Cómo se hace? El psicoanalista Paul Watzlawick y el antropólogo Gregory Bateson hablan de terapia paradójica para aquellas situaciones en las que parece imposible curar una patología resistente a todo tratamiento: una modalidad terapéutica que consiste en redefinir el campo y modificar su perímetro, en no respetar las reglas del juego y en confundir las identidades: pragmática paradójica.

Watzlawick hablaba al respecto de “reestructuración del campo”, y esa reestructuración consiste en cambiar las premisas y el significado que atribuimos a las palabras, en delinear un marco imprevisto para la acción, que permita salir de la trampa que constituyen las reglas establecidas.

La reestructuración no modifica los hechos concretos, sino los significados atribuidos a la situación, y de ese modo instaura un “nuevo juego”.

Intentemos trasladar esta metodología de la paradoja a la perspectiva específica de la primavera electoral, en la que una derecha racista y belicista se prepara para apoderarse de todo el continente y acabar definitivamente con toda esperanza de una vida tolerable. Por el bien de la democracia y de la sociedad en su conjunto, la izquierda existente debería tener el valor de declarar su propia extinción para dar vida a una forma........

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