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“Parte del genocidio es la negación del genocidio”

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16.02.2026

En mayo de 2024, la Fuerza Aérea israelí, en connivencia metódica con la División de Inteligencia, obtuvo el siniestro éxito de aplicar algoritmos avanzados e inteligencia artificial para identificar blancos humanos. Pero quienes investigan su genocidio también emplean esas mismas herramientas, para recopilar pruebas que permitan a la Corte Penal Internacional promulgar una sentencia justa. Antes del exterminio nazi, Alemania ya había perpetrado el primer genocidio moderno en Namibia, en la primera década del siglo XX, contra los pueblos herero y namaa. La agencia de investigación Arquitectura Forense analiza la historia a partir de las nuevas tecnologías. Recopila datos, hechos, testimonios para redefinir el genocidio a partir de los procesos coloniales, con el propósito añadido de expandir el derecho internacional a partir del caso de Gaza. Hablamos con Júlia Nueno, miembro de este equipo y coordinadora del libro Genocidios. Una lectura forense (Galaxia Gutenberg).

Una disciplina que emplea modelos 3D, cartografía, imágenes difundidas en redes sociales, testimonios orales y análisis espacial para investigar violaciones de derechos humanos o daños ambientales. ¿Hasta qué punto la arquitectura forense es una suerte de justicia poética?

La arquitectura forense es una forma de reconstruir los hechos, de trabajar a través de otros fragmentos no siempre observados y de pensar en nuevas formas de verificación, nuevas formas de construir con justicia y verdad. Proponemos de qué manera, desde la estética, queremos repensar el momento actual y darle sentido, cambiar a través del afecto. Vivimos en un mundo de sentidos, y apostamos por una manera de reconstruir y repensar este mundo a través de afectos y de la arquitectura. Más que justicia poética, podríamos hablar de una justicia estética, por lo que de belleza tiene.

Julia, le escucho hablar de afectos y me surge la duda de si entran en liza con la justicia. 

Creo que, justamente, parte del trabajo que hacemos es que se tenga en cuenta esos afectos para impartir justicia; por ejemplo, en estos procesos de reconstrucción de espacios donde ha tenido lugar la violencia, tratamos de activar la memoria reconstruyendo los hechos ocurridos en un modelo digital. A veces hemos pensado que aquello que es objetivo tiene que separarse de lo afectivo, pero nosotros trabajamos con distintos fragmentos que pertenecen a diferentes registros y medios. Es una manera de poder adaptar el espacio al afecto.

Este tipo de arquitectura en la que participan arquitectos, periodistas, ingenieros, abogados, se sustenta sobre el eje del territorio como testigo. ¿Siempre, invariablemente, quedan huellas de lo hecho en el territorio? 

Las huellas de Namibia han quedado borradas, pero hemos trabajado con la memoria de los descendientes de los pueblos exterminados 

Las huellas de Namibia han quedado borradas, pero hemos trabajado con la memoria de los descendientes de los pueblos exterminados 

Sí. A veces son muy obvias, fáciles de registrar con imágenes satélite, otras requieren reconstrucción a partir de imágenes que se han difundido en redes sociales. Las huellas de Namibia han quedado borradas, fundamentalmente porque ha transcurrido más de un siglo, pero hemos trabajado con la memoria de los descendientes de los pueblos exterminados para reconstruir, a través de la oralidad, cómo era ese espacio en el que vivieron, y de qué manera lo exterminaron y exterminaron a estos pueblos. Lo que ha sucedido y ha quedado borrado puede recuperarse. 

Namibia y Gaza son los dos territorios sobre los que versa el libro. Me gustaría saber por qué Namibia y qué tiene en común con Gaza, en tanto que métodos de exterminio, y cuáles serían las diferencias más notables entre uno y otro ejemplo.

Namibia y Gaza son ejemplos de una misma forma de genocidio a través de destruir las condiciones que sostienen la vida

Namibia y Gaza son ejemplos de una misma forma de genocidio a través de destruir las condiciones que sostienen la vida

El caso de Namibia es mucho más antiguo. Hablamos de 1904, cuando el ejército colonial alemán extiende una orden de exterminio contra las poblaciones indígenas y traslada a los supervivientes a campos de concentración y a trabajos forzados. Antes de la orden oficial ya habían sido desplazadas y sus tierras confiscadas, pasaron a manos de terratenientes alemanes, que crearon asentamientos. Estas prácticas sistemáticas demuestran que el genocidio no es excepcional, que deviene de la violencia colonial, que se construye sobre el desplazamiento y extermino de personas. Eso ocurre en Gaza, donde se han desplazado, de manera violenta, a más de 750.000 palestinos, primero a zonas más áridas, ahora hacia Al Mawasi, que es tremendamente árida. Namibia y Gaza son ejemplos de una misma forma de genocidio a través de destruir las condiciones que sostienen la vida; en el caso de Namibia, con las tierras de pasto; en el caso de Gaza, destruyendo las estructuras médicas, civiles, sociales que sostiene la vida. En ambos casos, hay una intención de destruir un pueblo.

Partiendo de que nada puede reparar la Nakba, ¿qué podría considerarse de justicia para el pueblo gazatí? 

En el libro se incluye un texto muy interesante del abogado palestino Rabea Eghbariah. La Nakba no solo se refiere al momento del desplazamiento, sino a la estructura social que fragmenta el territorio de Palestina, que niega la autodeterminación. Eghbariah propone imaginar la justicia en Gaza, basada en la restitución de tierra, la reparación de daños y la igualdad política. 

¿Qué se requiere para reconstruir la verdad? 

Estamos en un momento en el que hay que trabajar desde la multiplicidad para poder componer diferentes fragmentos; nuestro trabajo se basa en esta reconstrucción, en construir la verdad con imágenes, vídeos, testimonios… así se van reconstruyendo los hechos. La verdad es polifónica, y se reconstruye a partir de fragmentos, cada uno de los cuales es relevante.

Pero, a día de hoy, la verdad no sé si es o puede ser concluyente, pero se retuerce a antojo. Pienso en la filtración de vídeos en los que se ve, sin atisbo de duda, cómo soldados israelíes torturan a prisioneros y, sin embargo, Israel considera que eso ha sido un ataque a su intimidad. Es decir, ignora la verdad factual.

El vídeo que muestra la tortura de palestinos denunciado como una “invasión de la privacidad” ejemplifica cómo la verdad es administrada por el poder

El vídeo que muestra la tortura de palestinos denunciado como una “invasión de la privacidad” ejemplifica cómo la verdad es administrada por el poder

Hay que diferenciar la verdad política, de la que habló tanto Arendt, que cada persona articula para su proyecto político, y la verdad factual, la de los hechos. Si queremos aspirar a un mundo en igualdad, hay que aspirar a una verdad factual. Parte del genocidio es la negación del genocidio, intentar esconderlo, pero nuestro trabajo consiste en, a partir de esas imágenes, construir un relato más allá de la verdad que trata de imponer el ejército de Israel. El vídeo que muestra la tortura de palestinos denunciado como una “invasión de la privacidad” es un buen ejemplo de cómo la verdad es administrada por el poder. Cuando el ejército de Israel comete violencia de forma abierta, ya no trata de esconder el acto, trata de esconder su significado. El poder produce campos de visibilidad e invisibilidad: organiza lo que se puede ver, decir y creer. La verdad, por tanto, no desaparece, sino que se gestiona: circula únicamente bajo las condiciones impuestas por quienes dominan los medios y las leyes que regulan la exposición. Al invocar la “invasión de la privacidad”, la cuestión deja de centrarse en qué ha sucedido para desplazarse hacia si la evidencia puede o no circular. Este giro traslada el debate del ámbito del crimen al de la imagen, del acto violento a su exposición. Al hacerlo, los perpetradores –el ejército israelí– invierten su posición y se presentan como víctimas, reclamando protección legal frente a la difusión de su propio acto de violencia. Esta maniobra constituye una estrategia jurídica y mediática: utiliza las categorías del derecho, como la privacidad o la propiedad de la imagen, para neutralizar la fuerza probatoria de la evidencia. Por eso insisto en la estética forense: componer pruebas de modo que sean comprensibles, perceptibles, compartibles y verificables en foros públicos. La verdad no está completa hasta que entra en un proceso colectivo de verificación y respuesta.

¿Cómo es posible que un pueblo que ha sufrido el Holocausto lo inflija?

La condición de víctima no impide convertirse en victimario. Esto lo expone el abogado Eghbariah, que haber vivido la violencia más dura no elimina de tu memoria esa violencia; por lo tanto, si pensamos en un futuro para el pueblo gazatí, hay que sopesar de qué manera ese proceso de restitución tiene que funcionar.

El exterminio de Namibia fue atroz. El de Gaza, además, lo vemos en tiempo real. No sé si a su juicio, el genocidio de Gaza ha marcado un punto de no retorno, como una especie de desmembración de un sistema que ya no puede volver a ser el mismo, un sistema ético, si quiere.

Hay que comenzar condenando por genocidio a las autoridades israelíes

Hay que comenzar condenando por genocidio a las autoridades israelíes

Creo en la apuesta que estamos haciendo, apoyando legalmente la iniciativa de Sudáfrica, estamos aportando documentación, material probatorio, para reparar este sistema, para que el derecho internacional siga siendo fundamental para las fuerzas europeas y las relaciones internacionales, y son los países del sur global los que pueden hacer que este orden internacional prevalezca para todas los países. Atravesamos un momento ético muy difícil, pero se puede reconstruir. Para ello, hay que comenzar condenando por genocidio a las autoridades israelíes.

No deja de resultar curioso que las redes sociales sean, por un lado, las que neutralizan con la cantidad ingente de estímulos y, por otro, son claves para la reconstrucción de la que hablamos. 

Sí, hay cierta democratización de la excesiva información. En algunos momentos, el uso de las redes resultó muy esperanzador, como en el caso de la Primavera Árabe. Pero no hay que olvidar que las redes están diseñadas para alentar ciertos tipos de contenidos y arrinconar otros, para crear polarización. Ahora mismo, no podemos aspirar a otro tipo de redes mejor organizadas, pero sí podemos aspirar a otras maneras de construir narración que no sean las que acaban prevaleciendo en redes sociales. Twitter (X) está en manos de Elon Musk, alentando una forma de producción de contenido reaccionaria, pero es el principal medio por el que las personas en Gaza dan testimonio de lo que está ocurriendo allí. 

¿Quién tiene autoridad para determinar que se ha cometido un genocidio?

El genocidio es una noción política, y legal, recogida en la Convención de Ginebra. La manera en la que nosotros reconstruimos este argumento de genocidio es una apuesta por expandir el derecho internacional a partir de Gaza. A nivel legal, el genocidio ha de dictaminarlo la Corte Internacional; a nivel político, una multiplicidad de voces que ya lo ratifican. 

El video publicado por el ejército israelí que muestra la tortura de palestinos y que luego es denunciado como una “invasión de la privacidad” es un buen ejemplo de como la verdad es administrada por el poder. 


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