Ajedrez frente a go
“Si el ajedrez trata de la batalla decisiva, el weiqi trata de la campaña prolongada. El ajedrecista aspira a la victoria total. El jugador de weiqi busca una ventaja relativa”.
El weiqi, conocido en Occidente como go, es el milenario juego de estrategia de la civilización china, muy practicado también en Japón y Corea. La frase citada es del libro Sobre China (2011), de Henry Kissinger, secretario de Estado norteamericano de 1973 a 1976 en los gobiernos de Richard Nixon y Gerald Ford.
Kissinger utiliza ambos juegos para explicar dos concepciones del poder, la diplomacia y la negociación. La lógica del ajedrez en busca del jaque mate decisivo frente a la acumulación paciente de posiciones del go. “El weiqi enseña el arte del cerco estratégico”, escribe, una idea que revela cómo el control del tiempo es uno de los recursos tácticos determinantes del juego chino.
Pero tiempo es precisamente lo que menos tenemos los europeos, con un déficit de 360.000 millones de euros en bienes comerciales frente a China y una dependencia vital de su tecnología crítica en un momento de transformación del tablero geopolítico mundial.
Actualmente no existe un tratado comercial actualizado con China. En 2020 se alcanzó un acuerdo, el Acuerdo Global de Inversiones UE-China (CAI), que hoy en día aún no ha entrado en vigor por diferencias políticas, de momento, insalvables. En cualquier caso, el CAI es un principio de acuerdo para las inversiones. Pero no un acuerdo comercial.
China conoce las debilidades europeas. Sabe que nos falta tiempo para resituarnos en el nuevo juego de fuerzas internacional
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Sigue faltando un convenio que ayude a superar las tensas relaciones comerciales con China, que amenazan con un enfrentamiento comercial abierto. Bruselas considera a Pekín un socio, competidor y rival sistémico (todo al mismo tiempo) con el que quiere reducir riesgos de dependencia, el llamado “de-risking”, pero sin llegar al “desacoplamiento” tal y como se explica en la jerga institucional europea.
El pasado 29 de junio, Bruselas y Pekín acordaron trabajar los próximos tres meses sobre cuatro temas: reequilibrio comercial, controles de exportación (incluidas las tierras raras), propiedad intelectual y reforma de la OMC. La Comisión Europea quiere resultados tangibles antes de que termine el próximo mes de octubre, fecha aún por determinar. Teme lo que se conoce como el “China Shock 2.0”, una avalancha de productos tecnológicos estratégicos que pueden frenar o anular el desarrollo de la industria europea de futuro: coches eléctricos, robótica, paneles de energía solar, baterías, componentes verdes o tecnologías de la transición energética.
No sin cierta ansiedad indisimulada,........
