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Tarija y Chuquisaca después del boom gasífero

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26.07.2026

La riqueza extraordinaria del gas transformó al sur de Bolivia, pero dejó una pregunta incómoda: ¿cuánto de aquella renta temporal se convirtió realmente en patrimonio y desarrollo permanente? La respuesta importa ahora más que nunca. El país atraviesa dificultades económicas y la crisis energética, después de años de abundancia, ya golpea el presente y reduce las posibilidades de crecimiento. Tarija y Chuquisaca sienten esta transformación con especial intensidad y enfrentan las consecuencias de un modelo que perdió fuerza.

A finales de los noventa, el Gasoducto Bolivia-Brasil alimentó la esperanza de que el gas podía financiar una prosperidad duradera. Con la nacionalización de los hidrocarburos, las regalías y transferencias permitieron administrar recursos extraordinarios. Tarija fue el gran beneficiario territorial; Chuquisaca también fortaleció su presencia en el sector, aunque contaba con una economía más diversificada. La paradoja apareció después: hubo dinero, obras y gasto, pero no se logró construir una economía suficientemente sólida para enfrentar el declive del gas.

Los grandes campos que sostuvieron aquella bonanza comenzaron a declinar. Sábalo, San Alberto y Margarita-Huacaya, durante años pilares de la producción nacional, registraron una reducción sostenida de sus volúmenes. La producción gasífera del país está hoy muy lejos de los niveles alcanzados durante los mejores años del ciclo exportador. El problema ya no es solamente cuánto gas queda bajo tierra, sino cuánto ingreso fiscal queda cuando el gas deja de generar la........

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