Mientras Bolivia arde, otros calculan
Bolivia lleva semanas atrapada en una espiral de bloqueos, confrontación y desgaste económico. Las pérdidas ya superan los 2.100 millones de dólares y doce personas han perdido la vida en un conflicto que parece no encontrar salida. Sin embargo, el error más común es creer que la crisis se limita a las carreteras cortadas, al desabastecimiento o a las interminables filas por combustible. Lo que hoy ocurre en el país es mucho más profundo. Detrás del ruido visible se desarrolla una silenciosa disputa por el poder y por el control del próximo ciclo político.
La Bolivia que aparece en los titulares es apenas una parte de la historia. Existe otra que se mueve lejos de las cámaras, en reuniones reservadas, cálculos electorales y negociaciones discretas. Allí se define quién administrará la etapa más difícil que enfrentará el país desde el agotamiento del modelo económico construido durante las últimas dos décadas.
Los conflictos actuales son el síntoma de una enfermedad más profunda. Durante años, la economía boliviana se sostuvo gracias a los ingresos extraordinarios generados por el gas natural. Esa renta permitió financiar subsidios, expandir el gasto público y sostener un aparato estatal cada vez más grande. Pero la realidad cambió. La producción de hidrocarburos cayó, las reservas internacionales disminuyeron y la escasez de divisas comenzó a golpear todos los rincones de la economía.
Los números tienen una característica incómoda: no responden a discursos ni a consignas políticas. Más temprano que tarde, Bolivia deberá enfrentar ajustes que ningún........
