Defender la autonomía judicial es defender la democracia
En una democracia auténtica, la defensa de las instituciones no puede quedar reducida a una consigna ocasional ni a una preocupación de especialistas. Es una responsabilidad cívica elemental. Quien entiende el valor de la República sabe que sin instituciones sólidas no hay libertad efectiva, ni equilibrio de poderes, ni protección real de los derechos. Por eso, respaldar la autonomía y la independencia del Poder Judicial no es una postura corporativa ni una preferencia ideológica; es una exigencia democrática y una condición básica del Estado de Derecho.
No existe democracia cuando las instituciones solo funcionan en el papel, pero son sometidas, condicionadas o amordazadas por el poder político de turno. Tampoco la hay cuando quedan capturadas por intereses particulares, redes de corrupción o estructuras criminales. Una democracia sin autonomía institucional termina convertida en simulacro; conserva las........
