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Lo que es bueno y lo que es malo

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14.06.2019

El mal existe y define el curso de nuestras vidas. O lo encaramos, o terminamos siendo sus víctimas. En su libro “Memoria e Identidad” Juan Pablo II afirmó al respecto que “el hombre tiene a veces la impresión de que el mal es omnipotente y domina este mundo de manera absoluta”. Sin embargo, ninguna experiencia del mal moderno ha terminado por aplastar al bien de manera definitiva. Siempre hay en el ser humano esa indomable persistencia que se resiste una y otra vez, que no se deja arrebatar sus espacios de libertad, por lo menos no lo permite sin antes haber dado la batalla, a la manera de cada uno, para sobrevivir a la terrible experiencia, tener la oportunidad de reivindicarse en su dignidad y sacar de la historia algunas lecciones valiosas. Los venezolanos no somos la excepción.

El hombre siempre se ha debatido entre caer en la tentación o librarse del mal. De eso se trata la forja del carácter como tarea siempre inacabada. Es la actividad permanentemente inconclusa de determinar qué es lo bueno y de qué nos debemos alejar. El problema está en las especificaciones, en los compromisos, emociones, ofuscaciones y conjeturas del día a día. Y en la sensacion abrumadora de una tragedia que nos pesa demasiado y que nos ha desgastado por tanto tiempo.

Demasiadas veces hemos estado a punto de vencer y también demasiadas veces hemos visto alejarse esa oportunidad. Llegado el momento conclusivo somos victimas de triquiñuelas, falsas rendiciones, banderas blancas fraudulentas, y procesos de diálogo, negociación que siempre se acompañan de un arrebato de violencia y persecución política que termina por echarnos tierra en los ojos. No en balde el dicho popular sentencia que “el diablo está en los detalles”. Dicho de otra forma, el mal se hace representar muy bien en los medios que usamos para tratar de conseguir nuestras metas. Y hay que decirlo, nunca ha dejado de tener sus representantes entre aquellos que se han sentado a negociar nuestro futuro.

Frente a cada episodio de nuestra lucha cada uno tiene el derecho a aferrarse a la más mínima y endeble señal de esperanza. Es humano, corresponde a nuestra fragilidad el tratar de superar los momentos de desolación de cualquier manera, a veces cometiendo el error de seguir por el desierto tras el rastro alucinante de becerros de oro transformados en ídolos.

Y los venezolanos, hay que reconocerlo, persistimos en el error de confiar demasiado temprano y con pocas o ninguna evidencia. Somos idólatras de falsos dioses, porque compramos por anticipado todo el paquete y luego pagamos altas tasas de interés en términos de decepción y frustración. Celebramos en las vísperas, y llegado el día nos conseguimos con que alguien no cumplió lo prometido. los milagros políticos no existen, y los deseos no empreñan. Ya son veinte años, suficientes como para haber aprobado esa materia. Los niños de aquella época ya son jóvenes, los jóvenes se han transformado en adultos, algunos con demasiado kilometraje, con todo lo que eso concierne para bien o para mal, y otros que lamentablemente pintamos canas, hemos visto pasar nuestros mejores años tratando de comprender, convencer y luchar contra un sistema que ha engranado todas las formas concebibles del mal.

Por eso debemos intentar ser al menos compasivos. Los ciudadanos no saben qué hacer. Viven una época de sentimientos extremos, una especie de montaña rusa que nos eleva hasta el nirvana para luego arrojarnos al último infierno. A veces la vemos cerquita y de repente nos percatamos de que es otra alucinación. Por eso responder a ciertos interrogantes nos dejan exhaustos y ansiosos. Por ejemplo dilucidar ¿cual es el camino correcto para salir de esta desgracia? Es una pregunta difícil de responder, porque al fin y al cabo la realidad es confusa, los mensajes son ambiguos y, como lo advierte el apóstol en su segunda carta a los Corintios, la lucha está contaminada de falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como emblemas de la verdad cuando no son otra cosa que parte de una maquinaria de decepciones y engaños.

Llevamos veinte años........

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