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Los tiempos en la política

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16.06.2019

Tengo fija en mi memoria la conversación que sostuve, en 1993, con Giulio Andreotti, siete veces primer ministro de Italia, senador a vida, quien marca con su vida y a yerro candente la política de su patria desde la Segunda Gran Guerra, hasta su muerte en 2013, a los 94 años.

Amigo del fundador de la democracia cristiana, Alcides De Gásperi, junta su experiencia como hombre de Estado con su devota catolicidad: “la vida no me exige, la religión sí y yo soy religioso”, afirmaba.

Su influencia fue tanta que era imposible excluirlo de cualquier polémica, infamante o no, sobre las cuestiones italianas. La opinión pública europea e incluso mundial le llama, según sus facetas distintas y los odios que inevitablemente le concita el haber ejercido el poder durante mucho tiempo, como Papa negro, Belcebú, la esfinge, el jorobado, el Divo Giulio. Lo cierto es que es un titán, un acabado hombre de Estado, manual viviente y referente contemporáneo del pensamiento maquiavélico si no fuese por su recia adhesión al Decálogo.

Le pregunto sobre sus horas amargas – la prensa le acusa de haber tenido vínculos con la mafia – que a la sazón comparte con su adversario, otro ícono de la política romana, menor que él, Bettino Craxi, líder del Partido Socialista, exilado en Túnez, donde fallece en 2000. Me responde mirando hacia la ventana de su despacho en Piazza San Lorenzo in........

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