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De la oposición y otras verdades más

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14.06.2019

“Si la ética no gobierna a la razón, la razón despreciará a la ética” José Saramago

Mi amigo Carlos, experto financiero, me decía que aún no se había logrado una oposición de verdad. Aducía que la lectura que hacía de las posturas y discursos de alguna dirigencia nacional le traía dudas y perturbaba su espíritu. Acotaba: “No puedo creer cuando los escucho que sean auténticos opositores. Parecen más bien aprendices o acaso calculadores inescrupulosos”.

Réplica de por medio; recuerdo a mi interlocutor que era menester manejar el asunto con cuidado porque nadie contaba con un análisis que lograra pacificar los ánimos, siendo que muchos y honradamente proponían o esperaban otras secuencias. Mi amigo insistía en que no podía haber sino un propósito dentro de la oposición y era, acabar de sacar a Maduro del poder.

Pareciera que no tenemos claridad estratégica o que no logramos conciliar los distintos puntos de vista que el asunto y su consideración suscita. De un lado está la tesis de los tres ases de Guaidó, que comienzan con el cese de la usurpación y le siguen el gobierno de transición y elecciones libres y garantizadas. Pienso que, como mi amigo Carlos repetía, todo gira en torno a un objetivo del que dependía la salud del resto de la propuesta de Guaidó. Hay que cambiar el poder, hay que sacar a Maduro y todo lo demás viene a continuación.

Pero escucho de experimentados líderes un insistente credo según el cual solo se superará este trance con unas elecciones que pueden ser hechas incluso con el CNE de Tibisay y los demás. Exponen que aun con ese árbitro se les ganó en diciembre de 2015 y podríamos volver a hacerlo.

Otros no se inmutan al afirmar que una transición supondría esperar el mandato de Maduro y luego, mediando la consulta electoral, se dispondría del dictamen soberano, sobre si debe o no seguir el susodicho conduciendo el aparato público. No hace mella en ellos el desastre obsceno que cada día desnuda al chavismo como corrupto e incompetente en demasía y con Maduro en el gobierno, no se podría seriamente hablar de transición.

Hay espacio para otro abordaje racional y emotivo según se quiera ver. Me refiero a una imagen mágica que nos ronda y es la de una intervención armada que más temprano que tarde nos quite el cepo que nos sojuzga y en unos días, a lo sumo, resuelva el entuerto y nos permita recuperarnos y reconquistar la soberanía perdida. Hasta ahora, sin embargo, esta variable no la instrumentamos nosotros sino que se decide en otra mesa y con otros participantes, y digo esto más allá de los dichos sobre el 187, numeral 11 o de la invocatoria del TIAR. Hago notar enfáticamente que esa dinámica no la decidimos los venezolanos o por lo menos, no depende de nuestro juicio.

Con humildad no fingida, advierto que el elemento estratégico fundamental es superar el grosero bache que supuso y aun supone para el país, dos décadas de desgobierno y desquiciamiento público, por así llamarlo. No insistiré en lo conocido que nos muestra como nación postrada, frustrada y desesperanzada y agregaría sin exagerar y, en proceso de desarraigo porque si la ONU señala una migración de cuatro millones de compatriotas de un lado, por el otro; seguimos viendo intactas las razones de la estampida y el compulsivo ánimo de partir se instala como un control social, una suerte de moda además.

Quien no está meditando partir o no anda en los preparativos no está en nada, se escucha coloquialmente, y demos por seguro que el auspicio que reciben para emigrar los venezolanos toma forma en la deliberada omisión por parte del oficialismo que nada quiere o puede o sabe hacer al respecto. O........

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