Punto de quiebre | Vecinos de Ciudad Tiuna quedaron traumados

Punto de quiebre | Vecinos de Ciudad Tiuna quedaron traumados

12/01/2026.-

Entrevistamos a una mujer periodista y abogada que estaba en su apartamento con su hija y sus dos gatas al momento en que comenzaron los ataques criminales gringos contra el principal fuerte militar del país.

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La bota insolente sembró el terror aquella madrugada del 3 de enero, a solo tres días de haber celebrado la llegada del Año Nuevo. Los criminales venían vestidos de color caqui. Ellos reían porque para ellos no era la primera vez. Ya lo habían hecho en Iraq, Libia, Afganistán, Grenada, Panamá, Dominicana, entre otros países. Lanzaban sus bombas como la mujer que lanza el ramo de azahar el día de su boda; la diferencia es que ellos sí estaban claritos a dónde iba a caer su mortífera carga. Disparaban a diestra y siniestra. Todo fue muy rápido. Luego se fueron como si nada, llevándose consigo nada más y nada menos que al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y a su esposa, la diputada Cilia Flores. Tampoco era la primera vez que secuestraban a un presidente en ejercicio. Todo para ellos era rutina. Meses antes ya habían lanzado otras bombas similares contra humildes pescadores en el Caribe y contra presuntos narcotraficantes en el Pacífico y luego rieron también tras detectar que, luego de los bombazos, no quedó ni una sola tablita ni un solo hueso visible flotando sobre las aguas bombardeadas.

Ciudad Tiuna, una urbanización anclada dentro de los límites de la fortificación militar más grande del país y que alberga a decenas de miles de familias civiles, jamás podrá olvidar aquellos estruendosos momentos o, por lo menos, tendrán que pasar varios meses o hasta años para que puedan recuperarse plenamente de aquellos impactos. Cuando estalló la primera bomba, la mayoría de los habitantes dormía, pero CRT, una mujer de temple de acero, de profesión abogada y periodista, estaba echada en el mueble de su casa revisando su celular porque no tenía sueño. Su hija, de veintitantos años, también abogada, sí dormía plácidamente, al igual que las dos gatitas que las acompañan desde hace bastante tiempo. Esa primera bomba la hizo saltar del mueble y de inmediato pensó que aquello era inusual, que no se parecía en nada a los cientos de cohetones que habían presenciado hacía tan solo dos días. Se acordó de los rumores de invasión y ataque que blandían sobre la patria desde hace varios meses, y de inmediato corrió hacia el cuarto de su hija, quien estaba toda desorientada. “Nos están atacando”, le dijo con voz entrecortada. Las dos mujeres se abrazaron, lloraron, temblaron, no terminaban de reaccionar. Y para colmo, paralelamente al bombazo, les habían cortado la luz. Luego, pero no tan luego, sino escasos segundos después, vinieron nuevas explosiones, muchas, y se comenzó a escuchar la feroz metralla que intentaba contener a los insolentes de la bota norteña. Corrieron hacia la........

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