Psicosoma | Mujeres maduras
Psicosoma | Mujeres maduras
No estoy muerta, solo vieja.
28/07/2026.- Pasé casi toda la mañana del domingo escuchando las interpretaciones musicales de Paganini y, en medio de ese remolino memorístico, emergieron también los sonidos de las fiestas del sur del Perú con mi tío Daniel: los huaynos del carnaval con su clásico violín fogoso, que nos ponían a bailar.
Recuerdo la única pintura de Paganini en la sala del apartamento en Maturín, estado Monagas; fue un regalo de mi compadre, el Pintor de El Trapiche de Venezuela, un hombre risueño y mayor que siempre tuvo el sueño de aprender a tocar el violín. Nos lo mostraba con orgullo al sacarlo del estuche, mientras su amada Rosa de Guaicoco lo acompañaba en las tertulias.
La música siempre me acompaña, como el silencio. Casi todos los instrumentos me mueven a bailar, así como las palmas, el zapateo y las contorsiones delicadas al soltar el cuerpo.
Las mujeres maduras somos mal vistas al movernos, al salir a bailar. ¡Si supieran la maravilla de sentir cada parte del organismo y la fuerza vital de estar viva! Es una fuente que siempre fluye; sin embargo, a la vejez se la condiciona a la quietud, la melancolía y la sabiduría, e incluso se le niega la autonomía de elección al amar, compartir sueños en pareja o la más elemental libertad de sentir.
En la película Ladies in lavender aparece en las costas de Cornualles (Inglaterra) un joven violinista que es........
