Las dos orillas | Arquitectura hostil
Las dos orillas | Arquitectura hostil
El diseño de la exclusión en el corazón de las ciudades
Por Armando Carrieri Hernández
19/07/2026.- Soy un paseante. Disfruto las caminatas pausadas en los espacios públicos, donde el tiempo parece dilatarse. Una especie de placer por la contemplación urbana y el ocio creativo me acompaña en esos tránsitos a pie por calles y aceras que, aunque a veces resultan caóticas, guardan la esencia de la vida colectiva. Cuando el cansancio pega, encuentro el mejor pretexto para parar y entablar conversación con otras personas que deambulan por la ciudad o que viven de ella en diversos puntos del caos.
Así conocí esta semana al zapatero que trabaja en la esquina noreste de la plaza El Venezolano. A él tampoco le gusta esa escultura telescópica que llama "obelisco" y a la que yo, bajo una mirada más crítica, le tengo otro nombre.
Ya en un artículo anterior hablé de la ciudad como palimpsesto: un lugar donde las capas de historia se superponen, pero donde también, lamentablemente, las huellas de la exclusión resaltan con mayor nitidez.
Sin embargo, resulta que los espacios destinados al descanso están disminuyendo y, cuando los hay, suelen evidenciar una intencionalidad insana en su diseño. Uno pasa sus rabias en ese deambular y si no fuera por los soliloquios, sería un transeúnte silente que se va comiendo las vísceras mientras recibe la agresión constante de lo que hoy conocemos como arquitectura hostil.
En el debate contemporáneo sobre el espacio público, la arquitectura dejó de ser un servicio orientado a la convivencia para transformarse en un instrumento silencioso de segregación. La proliferación de estos elementos físicos, diseñados específicamente para disuadir comportamientos "indeseables", nos obliga a preguntarnos cómo estamos construyendo nuestras ciudades: ¿son de verdad para el encuentro humano o se han convertido en máquinas de control y exclusión para........
