Las universidades no construyen máquinas (y no deberían)
La autora de esta columna sostiene que las universidades estatales no están diseñadas para fabricar ni escalar productos, y que esperar que lo hagan por sí solas es un error. Propone dejar atrás el modelo tradicional de las oficinas de transferencia y avanzar hacia esquemas de codesarrollo, en los que la industria participe desde las primeras etapas de la investigación. Concluye que «como universidades estatales, tenemos grandes y diversos desafíos en materia de reducción de brechas para la innovación, pero tenemos a nuestro favor la importancia que le damos a la colaboración y la generación de redes de trabajo, como la Red de Innovación CUECH, que sin duda nos permitirá avanzar en sortear estas dificultades compartidas».
Imagen de portada: Pablo Ovalle / Agencia Uno
La innovación ya no es ajena a las universidades estatales, pero aun así siguen enfrentando brechas respecto de la industria en los procesos de innovación y transferencia tecnológica. Una de ellas es que seguimos esperando que las universidades hagan por sí mismas lo que en realidad le corresponde al ecosistema de innovación público-privado.
Cada institución ha demostrado una significativa capacidad para generar conocimiento científico de excelencia, desarrollar prototipos y validar conceptos tecnológicos. De hecho, Chile mantiene una posición competitiva internacional en producción científica, particularmente en ciencias naturales y físicas, tal como refleja el Nature Index, ranking elaborado por Nature Portfolio, división de la editorial científica internacional Springer Nature, que utiliza indicadores específicos para analizar los resultados de la investigación científica de alta calidad. Nuestro lugar en este ranking es especialmente destacable si se considera que Chile invierte solo cerca del 0,36% de su PIB en Investigación y Desarrollo (I D), una cifra muy inferior al promedio de la OCDE (2,72%). Sin embargo, y como un verdadero “déjà vu”, nos encontramos una y otra vez frente al reto de lograr la transición de nuestra investigación a la aplicación industrial.
Por otro lado, es sabido que nuestras universidades públicas deben lidiar con una serie de carencias financieras y de gestión en áreas como el desarrollo de productos, donde encontramos que son organizaciones que no están diseñadas para la comercialización, ya que no poseen equipos especialistas en marketing y que la ampliación de la escala tecnológica es en muchos casos solo un manojo de buenas intenciones.
Esta afirmación proviene de los resultados obtenidos en la encuesta sobre Licenciamiento Socialmente Responsable, aplicada por la ONG INNOVARTE en........
