We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

Un octubre eterno. ¿Seguirán los viernes de protesta?

4 0 0
29.10.2021

Opinión

28.10.2021

Por Rodrigo Pérez de Arce

Superado ya un segundo aniversario del 18-O, el autor de esta columna para CIPER acoge una duda profunda desde la simple observación: ¿dónde se origina el nihilismo de quienes se mantienen cada tarde de viernes en un ritual público en la ex Plaza Baquedano? «¿Basta la sensación de abuso para explicarlo?», escribe, ¿o acaso se trata de la esperanza precaria de «proteger un vínculo que nos permita dejar la soledad». Como sea la respuesta debiese tenerla la política, concluye.

Una Constitución que sea legítima más allá del proceso constituyente

Plurinacionalidad, ¿pluriproblema?

También lo no-humano es parte de la nueva Constitución

Los rituales son de importancia fundamental para la vida en sociedad. Crean y reviven los símbolos que certifican la pertenencia a un grupo, refuerzan sus valores comunes y son signo visible de aquellos lazos no siempre evidentes para la comunidad. También tienen una estructura fija: una fecha, un texto sagrado, sus ídolos, un lugar delimitado. A más de dos años del 18 de octubre asociado a enfrentamientos de inédita violencia y masividad en distintos puntos del país —y de la impotencia del sistema político chileno para procesarlos—, las protestas que persisten cada viernes en la ex Plaza Baquedano de Santiago son hoy un ritual extraño. Iniciado el proceso constituyente que logró apaciguar en parte la crisis, parecen ya una dinámica vacía; concierto de marchantes sin masividad, petitorio ni banderas concretas. Un remedo triste, una cáscara seca de las marchas de octubre de 2019.

En su afán por revivir ese octubre, los viernes fueron lentamente vaciándose de sustancia. Esa falta de contenido revela mucho. Oculto bajo mil pancartas, el problema remite en gran parte a una crisis de nihilismo, una desafección permanente respecto de los marcos normativos, los medios y los fines socialmente compartidos.

El nihilismo excede la idea de anomia. No es solo ausencia de normas, sino, más bien, aquello que Pedro Morandé ha caracterizado cuando «falta no sólo la respuesta a la pregunta por el porqué, sino la misma pregunta» por el sentido. Frente a una realidad «carente de finalidad —prosigue el sociólogo— no existe ningún orden de convivencia que pueda ser considerado como legítimo y que suscite expectativas plausibles sobre una sociedad justa» [1]. En estas protestas-rituales pareciera denunciarse —de manera tan inconsciente como radical— un mundo vacío. La reciente funa a la Tía Pikachu quizás sea la mejor ilustración de........

© CIPER Chile


Get it on Google Play