Cuba es el siguiente

La Habana está en la mira imperial de Trump, pero el diálogo sigue siendo una opción.

Créditos imagen de portada: Sebastián Beltrán Gaete / Agencia Uno

El domingo 11 de enero, Donald Trump se despertó pensando en Cuba. Antes de que la mayoría del país hubiera tomado siquiera su café matutino, a las 7.23 A.M. comenzó a tuitear amenazas contra el gobierno cubano. “NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA, CERO”, publicó Trump en su cuenta de Truth Social con su énfasis característico. “Les recomiendo encarecidamente que lleguen a un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”, continuó. “Gracias por su atención a este asunto”. 

Para hacerlo oficial, la semana pasada Trump firmó una orden ejecutiva titulada “Abordaje de las amenazas al gobierno de los Estados Unidos por parte del gobierno de Cuba”. Declarando una “emergencia nacional” que no existe, el presidente ordenó imponer aranceles punitivos a cualquier nación que envíe petróleo a Cuba y afirmó que la nación insular representa “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Empoderado, envalentonado y sintiéndose claramente con derecho a ello tras el descarado éxito de la “Operación Resolución Absoluta” en Caracas, el enfoque de Trump sobre Cuba es completamente predecible. Desde el principio, el cambio de régimen en Venezuela ha parecido ser un paso previo al cambio de régimen en Cuba. No hay duda de que el presidente y su secretario de Estado cubano-estadounidense de línea dura, Marco Rubio, ven a Cuba como el trofeo definitivo de la post-Guerra Fría; el objetivo perfecto para una demostración dramática y simbólica de la nueva “Doctrina Donroe”. “El régimen cubano ha sobrevivido a todos los presidentes desde Eisenhower”, como tuiteó Marc Theissen, aliado conservador de Trump, llamando la atención del presidente. “¿No sería increíble que esa racha terminara con Donald Trump?”.

Cuba ha sobrevivido a los últimos 13 presidentes, y a todos los actos de agresión que estos han desatado: invasiones paramilitares, intentos de asesinato, un bloqueo económico duradero, entre otras medidas punitivas. Como David contra Goliat, la nación insular ha resistido al coloso del norte durante más de 67 años. “Cuba es una nación libre, independiente y soberana”, respondió desafiante el líder del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel, a las amenazas de Trump. “Nadie nos dicta lo que tenemos que hacer”.  

Pero con el descarado ataque a Venezuela, Estados Unidos está intentando reafirmar su hegemonía imperial en todo el hemisferio, y La Habana está claramente en su mira. En medio de la peor crisis económica que ha vivido Cuba, el régimen es ahora más vulnerable que en cualquier otro momento desde la revolución de 1959. Y, a pesar de su dramática historia de rebeldía y supervivencia, Cuba nunca se ha enfrentado a un presidente estadounidense tan peligroso como Donald Trump. Tampoco, por cierto, el resto del mundo.

Más que cualquier otra nación, Cuba ha sufrido las mayores pérdidas por el derrocamiento del régimen de Maduro en Caracas por parte de Estados Unidos. El éxito de la Operación Resolución Absoluta le ha costado a La Habana la pérdida de su aliado global más cercano, así como los recursos que fluían de esa larga y estrecha alianza. Sin embargo, lo más doloroso es que el ataque estadounidense ha costado la vida a 32 miembros del personal de seguridad cubano y ha dejado a decenas de heridos por las bombas y las balas estadounidenses. 

La mayoría —si no todas las víctimas cubanas— eran agentes de seguridad e inteligencia asignados a la protección del jefe de Estado venezolano; y fueron abatidos cuando tropas de élite de la Fuerza Delta se infiltraron en el complejo fortificado donde vivían Maduro y su esposa. Sus muertes son las primeras desde la invasión estadounidense de Granada en 1983, cuando cubanos murieron en combate directo con el ejército estadounidense. Cuando sus cenizas fueron devueltas a su patria, los funcionarios cubanos recordaron al mundo que sus compañeros caídos eran “un padre, un hijo, un esposo, un hermano”. En una rara declaración pública, el ministro del Interior de Cuba, el general Lázaro Álvarez Casas, afirmó que Cuba sentía un “profundo orgullo” por el sacrificio de sus soldados en defensa de la soberanía de “una nación hermana”. 

La pérdida de soberanía de Venezuela, ahora en manos hostiles de Donald Trump —“el presidente interino de Venezuela”, como él mismo se ha........

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