Israel, la banalidad del mal y el mal radical |
Cuando las noticias y el ojo del mundo se apartan de lo que sigue ocurriendo en Gaza, el autor de esta columna hace un llama a la recuperación de la humanidad y a no olvidar. Sostiene que «como ciudadanos del mundo, no podemos quedar indiferentes ante ello: es imprescindible sumarse a la solidaridad internacional con Palestina. Para quienes tenemos origen judío, es imperativo recuperar las banderas del antisionismo que fueron tan fuertes y significativas entre la población judía antes de la Segunda Guerra Mundial, y manifestarse como lo hacen numerosas/os jóvenes a través del mundo, movilizándose a la vez por una Palestina libre».
Imagen de portada: ayuda humanitaria en Gaza, en julio de 2025 (Xinhua/Rizek Abdeljawad/ Agencia Uno).
La idea de la banalidad del mal fue acuñada por Hannah Arendt tras los juicios al criminal nazi Adolf Eichmann en Jerusalén a inicios de los años 60. No es necesario ser un psicópata o un “pozo de maldad” para llevar adelante los más horrorosos crímenes y un genocidio. Un simple burócrata o militar, obedeciendo las órdenes y las lógicas del sistema, es capaz de transformarse en un genocida.
Una década antes, en su libro Los orígenes del totalitarismo, Arendt usaba más bien el término “mal radical”: “Y si es verdad que en las fases finales de totalitarismo aparece éste como un mal absoluto (absoluto porque ya no puede ser deducido de motivos humanamente comprensibles), también es cierto que sin el totalitarismo podríamos no haber conocido nunca la naturaleza verdaderamente radical del mal”
Si bien los conceptos de “mal absoluto”, “mal radical” y “la banalidad del mal”, responden a comprensiones diferentes y en tensión en torno a las experiencias límites del horror, su práctica se instala, como señala Hannah Arendt, cuando un sistema hace superfluos a los seres humanos, inútiles, prescindibles, reinando la inhumanidad. Fue el caso bajo el nazismo donde........