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La ciencia que no ven, pero que necesitan

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12.08.2026

El autor de esta columna escribe sobre el anuncio del gobierno sobre postítulos en el extranjero y la restricción de los Fondecyt para áreas «prioritarias». Sostiene que «la ciencia que hoy se margina es la misma que, en 20 años, habrá producido el equivalente al próximo viagra: un hallazgo inesperado, en una línea que a nadie le pareció urgente, que cambiará la vida de personas concretas. Recortar esa ciencia no es austeridad. Es apostar por no saber lo que no sabemos que necesitamos saber. Y eso, en política pública, tiene nombre: miopía. Las consecuencias de la miopía no se ven venir, precisamente porque se dejó de mirar».

Imagen de portada: samael334 / Getty Images / Canva

La semana pasada el Ministerio de Ciencia anunció la suspensión de las convocatorias 2026 de Becas Chile para magíster y posdoctorado en el extranjero, y publicó bases para el Fondecyt 2027 que restringen la investigación libre en favor de diez áreas «prioritarias», excluyendo en la práctica a las ciencias sociales, las humanidades y cualquier línea que no se traduzca en una patente o startup en el corto plazo. El presidente Kast fue «elocuente»: «A veces 100 millones, 500 millones, para una investigación que termina en un libro precioso, empastado, en la biblioteca. ¿Cuántos trabajos generó? Ninguno». La frase merece una respuesta seria. Permítanme responderla desde donde mejor la entiendo: la ciencia del sexo.

En 1977, el farmacólogo Robert Furchgott comenzó a investigar cómo el endotelio vascular regula el tono muscular liso. Ciencia básica pura: sin hipótesis comercial, sin startup en el horizonte. Once años después, Furchgott, Louis Ignarro y Ferid Murad habían caracterizado el papel del óxido nítrico como molécula señalizadora cardiovascular. En 1998 recibieron el Nobel de Fisiología. Ese mismo año, la FDA aprobó el sildenafil —viagra—........

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