El Estado de Chile no es un ramo de microeconomía de la Cato |
El autor de esta columna comenta el anuncio del gobierno de terminar con la francquicia Sence, y reconoce que sus problemas están bien documentados: «Concentración del beneficio en grandes empresas, canalización de recursos hacia actividades de dudoso impacto, ausencia de una estrategia de recualificación sectorial y uso oportunista por parte de algunos proveedores». Pero, advierte que «lo que Chile necesita hoy es justamente lo contrario de lo que hace este gobierno. Necesitamos un programa nacional de competencias que ponga a las PYMEs y la cualificación de los trabajadores como una prioridad de Estado. Mientras esa discusión no se dé, las grandes empresas seguirán encontrando maneras de financiar la capacitación de sus equipos, porque disponen de recursos, escala y capacidades de gestión para hacerlo. Las PYMEs, no. Y los trabajadores que dependen de ellas, tampoco».
Imagen de portada: Sebastián Brogca / Agencia Uno
«Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado» (Mateo 13:12).
Este pasaje, conocido como el efecto Mateo, ilustra cómo las ventajas tienden a favorecer a las clases privilegiadas. El gobierno chileno parece haberse tomado el versículo al pie de la letra: en nombre del ahorro fiscal ha decidido eliminar la Franquicia Tributaria SENCE, principal instrumento de formación continua en el sistema productivo, sometiendo a la pequeña empresa y al tejido emprendedor que sostiene a nuestras familias a una incertidumbre innecesaria. Con todos sus defectos, se trataba de la única palanca pública de escala para apoyar la capacitación de adultos en el mundo empresarial.
La Franquicia SENCE es, en muchos sentidos, la expresión fallida de una política liberalizadora impulsada desde el mismo sector ideológico que hoy gobierna. Consiste en un subsidio horizontal, nacido en dictadura y mantenido en democracia, que confió en que el mercado de capacitación organizaría por sí solo un sistema robusto de formación. La evidencia muestra que, lejos de ser así, la intensidad global de formación es baja y que el beneficio se concentra en el gran capital. Pero de ese fracaso no se sigue que debamos abandonar a las pequeñas empresas y a la clase trabajadora a su suerte. Se sigue, justamente, lo contrario: que es hora de recuperar la capacidad del Estado de diseñar una estrategia nacional de recualificación de competencias, con instrumentos pensados para que PYMEs y trabajadores crezcan juntos, como ya lo han hecho países que han pasado de subsidios dispersos a estrategias nacionales de cualificación por competencias.
La decisión se adopta de manera acelerada, sin un proceso de deliberación pública robusto con organismos de capacitación, sindicatos ni gremios de PYMEs, y en abierta tensión con las advertencias de la Asociación Metropolitana de Organismos Técnicos de Capacitación (AGMO). Este modo de proceder revela un Estado acéfalo en materia de recualificación de competencias, sin visión nacional en un momento en que la reorganización tecnológica del trabajo exige precisamente lo contrario.
PARTÍAMOS DE UN ECOSISTEMA FORMATIVO DÉBIL
En los sistemas europeos alrededor de dos tercios de las empresas financian algún tipo de formación para su personal, según la encuesta de formación continua en........