7 razones para no pagar el CAE |
El autor de esta columna hace un repaso de la historia del Crédito con Aval del Estado para confirmar su tesis de que es un cobro abusivo. Dice que «los números no mienten. Bajo una normativa adecuada, el Estado pudo haber financiado la educación de sus ciudadanos, mejorado las condiciones laborales de los trabajadores no calificados y aún así haber gastado menos dinero que lo que terminó pagándole a la banca. Lo que ocurrió fue un saqueo. Hoy ese saqueo lo están pagando con sobreprecio las familias chilenas y no solo el deudor del CAE».
Imagen de portada: Pablo Ovalle / Agencia Uno
Como abogado, no son pocas las veces en que me interpelan con la pregunta: «¿Por qué ayudas a los deudores a no pagar? Tienen que devolver lo que pidieron prestado«. La pregunta, formulada casi siempre con indignación moral, me resulta profundamente desagradable; no porque incomode, sino porque asume que lo que se firmó fue un trato justo. Por eso, y por única vez, explicaré por qué el Crédito con Aval del Estado fue y sigue siendo una política pública abusiva al servicio de la banca, y por qué su deudor tiene razones legítimas para negarse a seguir pagándola.
Primero, su conveniente y errático origen. Durante el gobierno de Ricardo Lagos, el ministro Sergio Bitar se equivocó (o al menos eso queremos creer). Se quiso aplicar la misma lógica de las concesiones y la tercerización de algunos servicios públicos al financiamiento de la educación: la banca prestaría a los estudiantes y el Estado actuaría como garante de pago. Era una gran promesa de gobierno, los acuerdos políticos estaban listos, pero a última hora la banca se hizo notar. Extorsionó para que cedieran en las condiciones que ella misma fijara; de lo contrario, no había acuerdo y la ley fracasaría. Así, el Estado de Chile terminó amarrado por décadas a condiciones que nadie había planificado desde el principio, sino que fueron consecuencia de una negociación en la que, por cumplir con una promesa de campaña, se terminó haciendo un trato con el diablo.
Segundo, intereses desde el día uno. El nuevo acuerdo incluía detalles de enorme peso: la deuda no solo sería reajustable en UF, sino que además se permitiría a la banca determinar los intereses aplicables al crédito. En buen castellano: el prestamista diría cuánto debes y cuánto le cobraría al Estado después. Eso se tradujo........